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Una de palomitas

Una imagen vale más que mil palabras, ¿no? ¿Y una película?

Soy cinéfila sin ningún tipo de formación, es decir: una cinéfila de pacotilla. Pero aquí voy a ir subiendo las películas de las que me sé los diálogos de memoria.

Paris, Texas

“Sólo soñaba con una cosa: escapar.

Ella se veía a si misma corriendo por la noche desnuda por una carretera atravesando campos y cauces de río, siempre corriendo. Y siempre justo cuando estaba a punto de conseguirlo, él aparecía y siempre la atrapaba. Aparecía justo para atraparla.

Y cuando le contó esos sueños, él los creyó.

Sabía que tenía que atraparla o le dejaría para siempre. Así que ató una campanilla a su tobillo para poder oírla por la noche si se levantaba de la cama. Pero ella aprendió a silenciarla con un calcetín. Poco a poco consiguió escurrirse de la cama y salir al exterior. Una noche la descubrió cuando se cayó el calcetín, y la oyó intentar correr hacia la carretera. La cogió y la arrastró a la caravana, la ató a la cocina con su cinturón, la dejó allí y volvió a la cama. Se tumbó a oírla gritar. Entonces, oyó gritar a su hijo, sorprendiéndose porque no sentía nada. Todo lo que quería era dormir.

Y por primera vez, deseó estar lejos de allí.

Deseó estar perdido en un vasto país donde nadie le conociera, algún sitio sin gente, ni calles. Soñó con ese sitio sin conocer su nombre, y cuando despertó, estaba ardiendo. Había llamas azules quemando sus sábanas. Corrió a través de las llamas hacia las únicas personas que amaba.

Pero se habían ido.

Sus brazos estaban ardiendo, se lanzó fuera y rodó sobre el suelo mojado. Luego corrió. Nunca miró atrás hacia el fuego. Sólo corrió. Corrió hasta que el Sol salió, y no pudo correr más. Cuando el Sol se ocultó, corrió otra vez. Durante 5 días corrió así, hasta que todo signo humano desapareció”.

(Extracto del guión de la película)

Mujeres al borde de un ataque de nervios

“Lo siento señorito, pero yo soy testiga de Jehová y mi religión me prohíbe mentir. Yo sólo puedo decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. ¡Ya me gustaría a mi mentir, pero eso es lo malo de las testigas que no podemos!”

El paciente inglés

Esto es mío: pediré al rey que esta maravilla se llame el Bósforo de Almasy.

La gran belleza

La Santa: ¿Por qué no ha vuelto a escribir otro libro?
Jep: Buscaba la gran belleza. Pero… no la he encontrado.