Terminé hace unos días un libro llamado ‘Aprender a hablar con las plantas’, un libro que no va de plantas –o muy poco–, pero sí de lo que hacemos con los que se van, de esos duelos que uno hace a trompicones, como si no quisiera avanzar del todo porque avanzar quiere decir sobrevivir y hacerlo es, a la postre, asumir que el otro, el que se marcha, no va a hacerlo.
Lo terminé de vuelta a Barcelona, en el interior de un avión que se zarandeaba sobre el Atlántico y, cuando fui a sacar un bolígrafo del bolso, se me cayó el monedero y, de su interior, voló una notita escrita en papel cuadriculado. Ponía: “Aceite, tomate, naranjas”. Detrás, aunque tachado, “podólogo”. No es mi lista de la compra, no, sino las palabras de alguien que no está y las llevo –aceite, tomate, naranjas– como si un día pudiéramos volver a hacer la compra juntos.
Años atrás, un chico que fue mi noviete de juventud, después de que yo me marchara a vivir fuera, me escribió un mensaje que decía: “He pasado por delante de tu bar de la piscina. Ya sabía que no ibas a estar y, sin embargo, he entrado. Qué tonto, ¿verdad?”.
No sé si le contesté, ahora sé que le diría que a todos nos ocurre eso alguna vez, que regamos las plantas ajenas, incluso hablamos con ellas si hace falta. Que llevamos en la cartera fotos o palabras que dicen naranjas y aceite, y entramos en bares que nos recuerdan a alguien, por si está ahí, aunque sepamos que está a miles de kilómetros de distancia.
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Estos días recopilo datos en una habitación de hotel. Datos como que, por ejemplo:

1. A lo largo de nuestra vida, andamos la mitad de la distancia de la tierra a la luna o que en una mesa de oficina cualquiera conviven tantas bacterias como las que hay en cuatro lavabos (sucios). 2. De todos los misterios insondables, mis preferidos son los del mundo de la traducción de películas. Por ejemplo, ‘After hours’, la única comedia de Martin Scorsese, se tradujo como ‘Jo, qué noche’. Y en una de Spike Lee, “That’s the fact Jack” se tradujo, ante la mirada perpleja de un auditorio de espectadores como: “eso cae por su propio peso, sabueso”. Por no hablar de ‘The pacifier’, conocida como ‘Un canguro súper duro’ o ‘Up the creek, que todos sabemos que quiere decir: ‘Las albóndigas en remojo’

3. Otra cosa: a través de la ventana una chica anota: la parte de atrás de un hotel, la piscina de los de al lado, las lucecitas de navidad enredadas en una palmera, un camión de mudanzas en el que se lee ‘Aurora boreal’, una escoba tirada en un tejado. Y el cielo es de un azul muy azul y las hojas de la palmera, de un verde muy verde.

4. “A veces lo que sueño creo que es verdad, y lo que me pasa me parece que lo he soñado antes…Además, lo que ha pasado no está escrito en ninguna parte y al fin se me olvida. En cambio, lo que está escrito es como si hubiera pasado siempre”, decía Elena Fortún.

5.Escribir es hacer que las cosas pasen siempre. That’s the fact, ¡Jack! Y esto, amigos, cae por su propio peso, ¡sabueso!

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Viajar hacia el verano y dejar el abrigo para encontrarse, por ejemplo, con una sombrilla amarilla a pesar de las nubes. Y encontrarse, también, a una comisaria de arte que te dice, cuando la feria está a punto de cerrar –cansada, cuando lleva más de ocho horas de pie y unas cuantas ventas aplazadas– que hace poco, su sobrino, de siete años, le preguntó:
–¿Y tú, tía, qué querías ser cuando eras pequeña? –a lo que ella respondió:
–Exactamente esto.

A pesar de las renuncias, las rozaduras de los zapatos, los nubarrones sobre las sombrillas de color amarillo fosforito. A pesar de los apesares o de no llegar a fin de mes o de nunca tener el vestido o el piso que querrías.

Me imagino que hacerlo bien en la vida debe de parecerse a responder, ante la pregunta del millón, esa que dice en quién soñabas convertirte cuando creías que todo era posible: “Exactamente en esto”.
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Unas semanas atrás me hicieron un encargo: que escribiera un relato sobre el amor y los libros. Un relato acerca de cómo la literatura acerca –a veces– a dos personas que se quieren.

Al principio dije que no. Pensé: “mira, Laura, este temita ya lo hemos tocado alguna que otra vez”. Después le di una vuelta.
¿Y sí?

Pero, ¿y cómo?
¿Y ahora qué digo?

Bueno: después de una semana encerrada –en la que escribí más horas que cuando terminé la novela– me salió algo que más o menos me gustó. Lo mandé y me prometí a mí misma “ok, este sí que es el último”.
Ahora sé que probablemente no sea así.

Lamentablemente, una no decide sobre qué quiere escribir. Los temas van surgiendo y siempre suelen ser, mal que nos pese, los mismos. Creo que a todos nos ocurre igual.

Cuando escribía este artículo de la fotografía, releí toda la obra de Vivian Gornick. Incluso cuando quería hablar de otra cosa, ella terminaba hablando de lo mismo: del amor. No podemos elegir de quién nos enamoramos, y lo mismo pasa con los intereses.

No sé por qué escribo sobre el amor. Quizás porque es una rareza y un milagro. Porque hay que cuidar al milagro, regarlo, vigilar para que no se convierta en otras cosas. O porque hay parte de suerte y de compromiso.
Aunque, sobre todo, escribo sobre el amor porque nadie sabe por qué llega y por qué cuando se va ya no quiere volver.
@jotdownmagazine #viviangornick #amor #escribir #literatura #relatos #alfaguara #domingo
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Leo a Lucia Berlin en el vagón de un tren. Y Lucia Berlin me lleva a Namibia, a un viaje absolutamente maravilloso y loco que hice un verano. Maravilloso porque no hay colores comparables a los del desierto de Sossusvlei, y loco porque iba con un chico tan poco dado a la organización como yo y no calculamos bien las distancias, ni el tiempo, de manera que nos pasamos una semana encerrados en un coche pinchando una rueda tras otra. Así fue. Suerte del humor y de Lucia Berlin, a la que leí en voz alta durante toda esa semana, asumiendo que Namibia lo vería únicamente a través de los cristales del coche.
Leo a Lucia Berlin en el vagón de un tren. He visto amanecer mientras el tipo de al lado roncaba agarrado a un libro de Stephen King y el revisor me ofrecía los periódicos.
Me da la sensación de que me he pasado media vida dentro de este tren que me lleva al norte. Me da la sensación también de que lo mágico de Lucia Berlin es que consigue que, leyéndola, te leas a ti misma, te encuentres no solo con los colores de un desierto sino también con la chica que, tímida y miedosa, recién cumplidos los dieciocho, cogió por primera vez este tren y se dijo que sería un año y luego fueron siete y luego, como ahora, ya nunca dejó de volver.
#luciaberlin #literatura #namibia #relatos #sossusvlei #pamplona #leer #trenes @editorial_alfaguara
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El anuncio de Ruavieja se ha hecho viral porque le pone cifras a lo que ya sabíamos y no nos atrevemos a cuantificar: pasamos más tiempo dando likes y mirando pantallas que con aquellos a los que queremos más (o eso nos gusta decir). ¿Cúanto tiempo te queda por pasar con aquella amiga a la que quieres con todo tu corazón pero ves un par de veces al año? ¿Cuarenta días más antes de que te mueras? ¿Es excusa no tener tiempo? ¿O el tiempo se encuentra para lo importante? A mí me aterroriza esa gente a la que le propones quedar y te responde que se muere de ganas pero saca la agenda. Hechos son amores, que decía mi abuela.

En la biografía de Scott Fizgerald se lee: “Recuerdo que iba en un taxi una tarde entre altos edificios y bajo un cielo color rosa y malva. Comencé a gritar porque tenía todo lo que quería y sabía que nunca volvería a ser tan feliz”.
Estamos programados para no pensar en el tiempo que nos queda. Pero nos queda un tiempo. Saberlo, en realidad, no es para tener miedo sino para repetirse –en los buenos y los malos días– lo raro que es vivir, que diría Martin Gaite. Raro en el sentido de único y especial que tiene la palabra.
Y lo más raro de todo –del vivir– es que lo encontramos normal.

#ruavieja #barcelona #carmenmartingaite #francisscottfitzgerald #familia #redessociales #tiempo #literatura #loraroesvivir
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Éramos los chicos de la seis en esa larguísima barra de bar que compartíamos con otros muchos. Los chicos de la siete, justo pegados a mí –que no sabía si eran padre e hija u otra cosa– los de la doce, que observaba frente a mí en ese punto en que la barra se doblaba, que habían pedido las croquetas de bogavante y berenjenas y no hablaban mucho pero se hacían selfies . Y las de la cuatro, dos viejas amigas a las que escuché quejarse–cuando se levantaron los de la cinco– de que las alcachofas no habían estado a la altura mientras una de ellas sacaba su espejito del bolso y se retocaba los labios “fíjate, parezco un payaso”. Se reían las dos.

Qué tendrán las barras de los bares. Gente que llega, gente que se levanta y se va. Mundos distintos que se rozan y coinciden por unos minutos en ese cambiante paisaje lleno de platos, comidas y adiós estaba todo buenísimo.
Después, vi a la pequeña L., que pese a que ha engordado 400 gramos, tiene unos bracitos que son tan delgados como mi dedo pulgar. Que se pone bizca y se mira las manos como si quisiera saber qué hay ahí fuera, en este mundo que ahora es para ella nada más que sombras.
Y por último, una fondue, y al llegar a casa recordé algo: la semana pasada leí unos estudios hechos en Suecia acerca de la felicidad. Concluían que el deporte era una gran fuente de endorfinas. Sin embargo, socializar, estar rodeado de personas a las que quieres y reírte, era, sin duda, la mayor fuente de felicidad. Hoy, en el gimnasio, todos habiendo hecho nuestra apuesta por esta filosofía del mens sana in corpore sano pensaba en esto: en lo necesario que es, además de tonificar el cuerpo, ese otro tipo de tonificación que nace en las barras de los bares, cuando le agarras los dedos a un bebé minúsculo o te ríes con aquellos a los que quieres.
#bares #bar #elcañete #barcelona #ciudad #raval #bebes #gimnasio #felicidad #deporte #menssanaincorporesano #risa
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Dice Manuel Vilas en su libro ‘Ordesa’: “Que te espere alguien en algún sitio es el único sentido de la vida y el único éxito.”
Ayer hablabámos de esto, del valor de esperar y de que alguien te espere. Pero también del peligro de llegar tarde. El refrán dice que más vale tarde que nunca pero yo no estoy de acuerdo.
Me explico: hay dos tipos de “tarde”, el primero es ese que se convierte en el momento adecuado (cuando leemos un libro mucho después de haber pensado en hacerlo, cuando coincidimos, por fin, con esa persona tantos años después). Pero este “tarde” es, en realidad, como decía, un sinónimo de “en el momento preciso”.
En su segunda acepción, la definitiva, tarde significa demasiado tarde (y no nada peor que eso). Más vale nunca que tarde, en ese aspecto. Porque ocurre a veces que somos testigos del tren que abandona raudo el andén o nos cruzamos a esa chica pero ay, fíjate que hijo tan bonito tiene. En este segundo aspecto, tarde es sinónimo de “a destiempo”.
El tiempo se mide en segundos y nunca en primeros. Esto es, llegamos tarde. Saber vivir es, supongo, encontrar el equilibro, no dejar que se nos haga peligrosamente tarde, saber apurar los últimos rayos de sol sin olvidar que pronto se hará oscuro.
#manuelvilas #ordesa #literatura #esperar #esperanza #alfaguara #novela #historia #berandu
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Hoy hace justo un año que se publicó ‘Qué vas a hacer con el resto de tu vida’. Y los que me seguís por aquí os habréis dado cuenta de que sigo sin saber qué hacer con ella 😉.
Pero hoy, para celebrarlo -que no sé qué hacer y que cumple años la novela- empiezo a escribir de nuevo una historia.
Veremos dónde me lleva.
#quévasahacerconelrestodetuvida #quevasahacerconelrestodetuvida #lauraferrero #novela #alfaguara #barcelona #literatura #viernes
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Aquí en Corea existen electrodomésticos de la marca DIOS. Hay señales, claro, y las calles están llenas palabras y advertencias que podrían decir cosas tan dispares como Stop, fideos fritos, precios imbatibles o pestañas postizas y cómodos pagos en plazos.
En Seúl existe un barrio que se llama Gangnam y una biblioteca enorme con escaleras mecánicas. Al final, el saber sí ocupaba lugar.
Hay un río, el Han, y algunos hoteles imponentes y acristalados lo observan desde sus plantas más altos entre cócteles exóticos y galletas de té verde.
Hay muchas cosas por aquí. Ninguna, sin embargo, me gusta tanto como este árbol amarillo.
#korea #corea #seoul #city #ciudad #asia #travel #gangnam #library #arboles #tree #han #hanriver
itiusComo todas las cosas bellas,seguro ha sido verde,ocre…la belleza es el cambio,como siempre!
ddcastores un ginkgo biloba
marrano.lectorEstá precioso.
happy_nurseUna belleza entre hormigón!!!
sincerelilly💛✨

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Se habla poco del fracaso.

Aquí os paso unas notas de esos días popularmente conocidos como “todo mal, mañana será otro día”

10.00 Entregué por fin un trabajo en el que llevaba días trabajando y que me hacía MUCHA ilusión. MUCHA.

12.00 Email de un periódico con el que me hacía también MUCHA ilusión trabajar: “Nos encanta tu propuesta pero los temas no nos encajan”. Pienso en las bolsas de patatas que prometen premio pero siempre te dicen que sigas rascando.

13.30 Me compro en el súper una bolsa de brócoli. Cinco minutos en el microondas y listo. Mentirosos: lo puse cinco minutos y salió reblandecido.

15.00 Vuelvo a las 10 de la mañana: “Entregué por fin un trabajo en el que llevaba días trabajando y que me hacía MUCHA ilusión. MUCHA”. Pues a lo que íbamos: que no gustó nada de nada lo que les presenté.

15.00 -17.00 Drama. ¿Se me han acabado los temas?

18.00 Me voy a yoga. Entre risas, una amiga me va grabando. Total, ya nada puede salir peor, me digo melodramática. Pero claro que sí: puedes por ejemplo, caerte intentando levantarte sobre tu cabeza. O puedes, como yo, darte un tortazo contra el parquet.

19.30 Creo que me voy a casa.

22.00 Me llama una amiga de México. Reímos. Le cuento mi día. “¿Te das cuenta, Laura, seguimos siendo las mismas que cuando teníamos dieciocho años?”.
Hoy.

8.00 “Mañana será otro día”. Mañana es hoy y, efectivamente, es otro día. Este pasado fin de semana programé los posts para una empresa para la que trabajo. Y oh, diablos. Se debió caer Internet porque los posts que tenían que empezar hoy no se guardaron.

09.10 Llamo a mi compañía de teléfono para ponerme roaming. Me hablan de megabytes, de gigas. Le digo al chico amablemente que pare de hablar porque no estoy entendiendo nada. Cuelgo sin roaming.

10.30 De camino al despacho paso por la cafetería. En la pizarra se lee “¿Va todo bien? Si / No”. Tanto si escoges una opción como otra, te lleva a la misma respuesta: “tómate una copa”. Miro a la camarera: “El donut de chocolate. Por favor. Y el bocadillo de mortadela también”.
Mañana será otro día.
#fracasos #diario #humor

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En el reverso de un libro, en letras rojas, sangrantes, se leía: “Nadie sale ileso de la infancia”.
En realidad, nadie sale ileso de nada, ni del hecho mismo de nacer.
Por ejemplo.
Dentro del útero materno el bebé no respira por los pulmones porque están llenos de líquido amniótico. Obtiene el oxígeno a través de la sangre que le llega por el cordón umbilical, es lo que llamamos respiración fetal.
Para llegar a este mundo, el bebé tiene que atravesar el canal del parto: la estrechez del canal comprime su tórax y le ayuda a eliminar el líquido de sus pulmones. Una vez fuera, el aire entra por primera vez de forma pasiva en sus pulmones y le provoca un estímulo que genera un llanto.
Este llanto que coincide con su primera inspiración es muy beneficioso para él porque le ejercita los pulmones. En ese momento se dan unas modificaciones en el organismo del bebé que le ayudan a realizar el cambio de respiración: se cierran ciertas comunicaciones del corazón y la sangre, que no llegaba a los pulmones, comienza a oxigenarse en ellos. Se establece así la respiración adulta y se abandona la fetal.

Nacemos llorando, pero el llanto a veces es beneficioso.
Se cierra una etapa, se abre otra.

En el reverso de un libro, en letras rojas, sangrantes, se leía: “Nadie sale ileso de la infancia”.
Crecemos todos, incluso Wendy. Y las infancias nunca duran, pero todo el mundo se merece una.
(📷 @delfigronda )
#infancia #bebe #wendy #literatura #peterpan #respiracion #reciennacido #mariposas
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Verás, Lola, dos kilos y medio no es mucho y dicen que eres un bebé pequeño.
Ahí, en la cama del hospital, tu abuelo te miraba maravillado e iba repitiendo que el tiempo pasa demasiado deprisa, que aún se acordaba de cuando tu madre y yo montábamos fiestas en casa y al día siguiente dejábamos el parquet pegajoso como si ahí no hubiera pasado nada. Tus dos abuelas se aseguraban de que tus orejas, tus pies y ay por favor fíjate que cabecita más redonda, mientras tu padre estaba ahí de pie y decía ‘mi hija’ como si no pudiera dar crédito aún, como yo, de que apenas unas horas atrás nadaras dentro de otro cuerpo, tu madre, mi amiga. Y sí, Lola, sí que tiene razón tu abuelo: la vida es tiempo y el tiempo pasa porque hace dos días preparábamos el test de Cooper o estudiábamos entre cigarrillos y cerveza el funcionamiento del tubo de rayos catódicos en el televisor.Como te decía, Lola, dos kilos y medio no es mucho, pero la felicidad no entiende mucho de peso. La felicidad es una forma, no un qué, y compensa en altura lo que le falta de longitud. Bienvenida, Lola. Escucha lo que te decía tu abuelo, lo que te recordaré yo de ahora en adelante, todo esto del tiempo y la vida, y todo esto de lo importante que es aprovechar lo que tenemos, que es este trocito de vida en el que no hay repeticiones porque todo es en riguroso directo.Pero a lo que iba, a lo importante: te esperábamos mucho. Bienvenida.

#lola #nacimiento #bebe #amistad #padrinos #madrina #reciennacido
@ropg @tallon_bcn
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Llevo unos meses trabajando en uno de los proyectos de los que más orgullosa me siento. Es un proyecto acerca del cáncer en el que me dedico a escribir para contar historias que nos acerquen a las realidades de todos los que están pasando o han pasado por la enfermedad.

En junio estuve unos días en el hospital pasando consulta con un equipo de oncólogos maravilloso. Me hablaron de índices tumorales, de toxicidades, de la quimio, de las biopsias. Conocí a muchos pacientes y pasé rato hablando con ellos. Padecían cáncer de cabeza y cuello, uno de los tipos de cáncer más estigmatizado y desconocido. Aprendí –un poco– cómo se hacían las traqueotomías y acabé logrando descifrar las palabras de los que ya no tenían voz.

Recuerdo aquellos días como una auténtica lección en todos los aspectos.

Esta semana escogimos de entre todas las historias recopiladas, las que nos habían impactado más. Y ahí estaba la de Luisa, cómo no. Una mujer dicharachera y encantadora con la que estuvimos hablando largo rato acerca de lo buenos que estaban los huevos fritos cuando mojabas la yema con patatas. Desde entonces, cada vez que me hago un huevo pienso en ella. Así que la llamamos por teléfono para quedar de nuevo, pero no nos atendió. Ayer, su marido nos llamó para decirnos que Luisa se había muerto.

No pretendo hacer un post lacrimógeno, estoy segura de que Luisa no lo querría. Solo que hoy es el día del cáncer de mamá y llevo rato pensando en Luisa y en los que están ahí, dando lo mejor de sí mismos: enfermos, oncólogos, familiares, amigos.
Desde aquí, desde este bar, le mandaría un huevo frito y un beso grande a Luisa. A los demás, otro beso y fuerza. Y gracias a todos por la valentía y el ejemplo.
#díadelcancerdemama #cancerdemama #cancer #enfermedades #oncologia #amigos #contraelcancer

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Unos días atrás me pidieron que escribiera un artículo sobre el futuro, y recordé una historia que contaba Juan Villoro. Era acerca de una película llamada ‘Total Recall’, que en España se tradujo como ‘Desafío total’, y estaba protagonizada por el bueno de Arnold Schwarzenegger (pasan los años y cada vez que escribo el apellido tengo que asegurarme de que lo escribo bien).
La película, basada en un relato visionario de Philip K. Dick, es la típica cinta futurista sobre las posibilidades del turismo neurológico. Los productores escogieron la Ciudad de México para recrear la apocalíptica atmósfera en la que se desarrolla la historia. En una de las escenas de máximo clímax, una hecatombe se cierne sobre las escaleras mecánicas de la estación de Chabacano de la línea 9 de metro. Pistolas, tiros, sangre, gritos y un Arnold joven que se sobrepone a cualquier contratiempo.En la actualidad, en el techo de Chabacano, entre las vigas de metal, sigue quedando una noticia del futuro: la sangre falsa que salpicó en esa escena de ‘Desafío total’. Los empleados del metro se negaron a borrar las machas y las conservan como un peculiar recuerdo del futuro.El otro día estábamos en esta sala del cine Texas de Barcelona. No había nadie más que nosotras y esta pantalla en blanco que me hizo pensar no solo en el recuerdo del futuro de Villoro sino en las ansias que ponemos en vivir en tiempos que no nos pertenecen. El futuro no deja de ser una especie de pasado pero aún más ciego. Una pantalla en blanco sobre la que moldeamos deseos como si fueran trozos de arcilla, solo que lo hacemos sin la arcilla.
En fin: el único lugar en el que se abrazan pasado y futuro es en el presente.
O en la parada de Chabacano de la línea 9 de la Ciudad de México. 📷 @delfigronda
#mexico #ciudaddeméxico #cinetexas #cine #arnoldschwarzenegger #desafiototal #futuro #pasado #juanvilloro #barcelona #ifyouleave
letivilasanjuanfotón 😍
delfigronda💛 Vuelvan!
lutas_mPreciosa la foto!
m_cantero_h2Una pantalla de cine es una de las cosas más bonitas de este presente. Sobre todo para los talluditos como yo que pasamos muchísimas horas de nuestra juventud en los cines. Habrá en el futuro?
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Escribo porque me gusta imaginar quién es el que chuta y no marca, de qué trabaja la madre que se asoma a la ventana y llama a la niña para que suba o la cena se enfriará.
Escribo porque estoy lejos y las cortinas están rotas y nadie quiere arreglarlas. Porque el chico pasa con la moto y hace una cabriola delante de la chica que le gusta, y porque la madre que llama a la niña tuvo un amor, y aún guarda la foto de aquella vez que fueron al rompeolas.
Escribo porque el padre llega tarde y a veces no llega. Porque no siempre hay luz y cuando hay, ésta parpadea de manera intermitente, como si fuera un código que solo pocos comprenden.
Escribo porque una historia es como una ventana cuyos cristales son opacos o están custodiados por gruesos cortinajes aunque se rompan y nadie los arregle.
Escribo porque desde fuera siempre hay sombras y escribir es, en ocasiones, la única manera válida de entrar dentro.
Hoy es el día de las escritoras y llevo rato pensando en esta imagen que es para mí la estampa de la vida misma en una noche cualquiera y en un barrio cualquiera.
Dicen que es tan importante escribir cómo saber qué es lo que nos lleva a escribir. Creo que en esta fotografía, llena de sombras, luces y voces que hablan en un idioma que no entiendo, se condensa la magia de la escritura. Hay ventanas, hay vida, hay gente cuyos nombres ignoramos.
Parece todo tan lejano, ¿verdad? Y sin embargo, si pasamos el tiempo necesario terminaremos entendiendo que los protagonistas –la niña, la madre, el chico de la moto, el niño que chuta– somos nosotros en otros lugares.
La magia de la literatura es ésta: que logra acercar lo que está lejos.#literatura #escribir #diadelasescritoras #díadelasescritoras #beirut #libano #lauraferrero #vida #ifyouleave #historias #novela
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No sé qué pensaron Neil Armstrong y Edwin Aldrin cuando llegaron a la luna.
Armstrong fue el primero en pisarla y hasta que Aldrin lo hizo pasaron 17 minutos.
El astronauta se dio cuenta de algo que aparentemente se les había pasado por alto a los ingenieros que construyeron la nave espacial: la escotilla no tenía manillar por fuera. Y pese a que no hay corrientes en la luna, estuvo esos 17 minutos buscando algo para poner en la puerta y evitar que se cerrara.
No fuera caso.
Yo no he llegado a la luna, pero sí a Beirut, que tiene una noria frente al mar. La noria está vacía y el mar también. Desde el muelle, algunos los observamos con atención, como si tuvieran una respuesta aunque ni siquiera sepamos bien cuál es la pregunta.
Muchos dicen -la mayoría- que hay que aprender a cerrar las puertas con candado. Yo soy más como Aldrin, de las que busca una ramita aunque no sople el viento.
No sea caso.

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1.Existen países que están llenos –las tiendas, las lavanderías, los parques o los aeropuertos– de señales que anuncian la salida. Exit, dicen. Sin embargo, pocas de esas señales anuncian la entrada. Algunos dirán que eso responde a que es obvio que la entrada está… “en la puerta, Laura”, pero esos son los mismos que no habrán pensado en las ventanas, túneles subterráneos o las puertas de salida de emergencia.

O quizás es que solo hay una manera de entrar y muchas de salir.

2. En las series americanas, las cocinas siempre tienen una isleta en el centro. Cuando el personaje irrumpe en el decorado –porque llega a casa–, deja algo en la isleta, coge un vaso del armario que siempre está al lado de la nevera y acto seguido se sirve algo que nunca llegamos a ver. No es que me intrigue saber qué es lo que se sirve, si zumo de arándanos, agua con gas o infame vino de tetrabrick. Lo que me tiene un poco preocupada es que en España no tenemos siempre isletas en la cocina. Y además, no sé vosotros, yo cuando llego a casa primero me quito la chaqueta, me pongo zapatillas. Y lo peor: el armario de los vasos está en el lado opuesto a mi nevera.

3.Leía ayer el libro de relatos de Carmen Maria Machado. A mí los libros me ganan por las dedicatorias, como aquella de Martín Gaite: “Para mi hermana Anita, que rodó las escaleras con su primer vestido de noche, y se reía, sentada en el rellano”. La de Carmen dice así “para Val, me di la vuelta y allí estabas”. Pero más allá de la dedicatoria, en uno de sus relatos, dice: “Quizá todos estamos marcados de algún modo, aunque sea imposible de ver”.
4.Es domingo. No lo había dicho aún. E Isabel Coixet advirtió hace tiempo que “alguien debería prohibir los domingos por la tarde”. En este caso, no como ocurre con las señales, solo hay una manera de entrar en el domingo: entrando. Sin embargo, existen muchas maneras de salir.

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1. Contaba mi profesora de literatura que una noche, estando en Ciudad de México -21 millones de personas- empezó a sentirse mal. Estaba en una cena en un barrio que no conocía. Tos, un poco de fiebre, dolor de oído. Resignada, cogió el coche para buscar la farmacia más cercana y terminó perdida en un mar de calles, parques, rotondas, un lugar en el que nunca había estado. Ahí, la cruz verde iluminada la guio y, cuando traspasó la puerta, se detuvo en seco. Incluso de espaldas lo reconoció. Aquel chico y aquella relación ya perdida, casi de adolescencia. El primer amor, dicen. ¿Puede la literatura contar algo así? Ella decía que no. Que podía, claro, pero que nadie la hubiera creído.
2. Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo, decía Arquímedes. Antes, sin embargo, en algun lugar de nuestra prehistoria, 3000 aC, creo, los puntos de apoyo existían pero aún no se había inventado la ley física de la palanca, de manera que para desplazar una roca se necesitaba de varios hombres. ¿Contar la palanca antes de alguien la inventara? Sí, se podía, pero nadie lo hubiera creído.
3. De niña, mi tío me dijo que un día, cuando yo fuera mayor, él me podría llamar y yo podría verlo a él, como en una película, a través del teléfono.

Me lo contó, sí, pero mirando el teléfono negro de casa, cuyo cable siempre se me enrollaba, yo no le creí. “¿Y por dónde se verá tu cara, a ver?”
4. También estaba la canción de los Bacilos que decía: “Si desde Sevilla puedo hablar con alguien que esté en Nueva York”.
5. Y ayer, que escuché una canción preciosa de McEnroe: “Y cabe la posibilidad de que te vuelva a encontrar en algún incendio.” Nunca es magia aunque siempre lo parece.

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Ayer estuve con un fotógrafo de bodas que me contó que, después de veinte años viendo a gente casarse, él sabía perfectamente cuando una pareja se quería de verdad o no.
-¿Por cómo se miran?
-También. Pero hay otra manera de saberlo.
-…
-Porque cuando no están juntos se buscan con la mirada. Se miran a lo lejos, aunque cada uno esté a sus cosas.
-…
-¿Sabes esa sensación de que has quedado con alguien y ya cuando lo ves acercarse de lejos, cuando ni siquiera se da cuenta que le miras, ya eres feliz?
No le respondí, pero luego pensé que probablemente son esas señales, luces pequeñas, de colores pero intensas, las que marcan la diferencia.
En realidad…es así de fácil. Y de difícil.
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