January 03, 2021 at 12:12PM

Terminé bien el 2020: bailando Raffaella Carrà, y atragantándome con las uvas, como ya es costumbre, pero empecé 2021 aún mejor: en la oscuridad de una sala de cine que me trajo, veinte años después, aquella película que cuenta la historia de amor más triste del mundo. La había visto muchos años atrás. Aunque lo de “visto” es un decir porque no la terminé: me aburrí y la dejé. Las películas llegan también cuando tienen que llegar y supongo que cuando la estrenaron tenía una edad en la que aún no podía entender que aquellos dos no se dieran un mísero beso a lo largo de la película.
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‘In the mood for love’ se traduce en español como ‘Deseando amar’. He encontrado dos traducciones para su título original en cantonés, ‘Fa yeung nin wa’, en primer lugar: “El frescor de las flores se mantiene con el tiempo”, y también: “la magnificencia de los años pasa como las flores”. A pesar de que no sé ni una palabra en cantonés, entiendo que ambas aproximaciones son acertadas para definir esta película que habla de cómo el deseo y el tiempo se entrelazan y se confunden, de qué hacemos con la potencialidad de lo que no ocurre, de cómo la ausencia y el anhelo terminan conformando las existencias de estas dos personas tristes y solitarias. No recordaba la música: esos violines del tema de Yumeji, pero sobre todo las canciones de Nat King Cole ‘Quizás’ y ‘Aquellos ojos verdes’ que, desde la nostalgia, son una puerta abierta a la esperanza.
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Veinte años atrás no llegué al final de la película ni a estas frases: «Él recuerda esa época pasada como si mirase a través de un cristal cubierto de polvo, el pasado es algo que puede ver, pero no tocar. Y todo cuando ve está borroso y confuso». Decía al principio que las películas llegan cuando tienen que llegar porque solo ahora comprendo qué hace Tony Leung deambulando entre los templos de Angkor Wat. Se da cuenta de que tuvo una oportunidad: de que ellos dos la tuvieron. Pero ahora, desde donde está, no puede hacer nada para alcanzarla. Solo ve a través del polvo y la bruma. Y hubiera sido fácil. Si solo hubieran encontrado las palabras, ¿verdad?

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