December 26, 2020 at 12:01PM

El final de ‘Postales de invierno’, de Ann Beattie, fue uno de mis favoritos durante muchos años. Dice así:
«Justo antes de que me marchara de casa cayó una nevada. Fuimos a ver a su mujer. De camino al hospital paramos a comprar la comida asquerosa de siempre y le cogimos unas revistas, las del hospital tienen todas las páginas rasgadas, y jabón, y cosas así. Cuando llegamos estaba sentada al lado de la ventana contemplando la nieve, y nos dijo, sin levantar la vista siquiera, sin saber quiénes éramos, que los médicos le habían dicho que sentarse a mirar la nieve era una pérdida de tiempo, que tendría que apuntarse a algo. Se rio un buen rato y nos dijo que no era una pérdida de tiempo. Quedarse mirando los copos de nieve sí que sería una pérdida de tiempo, pero ella los contaba. Y aunque contar copos de nieve fuera una pérdida de tiempo, ella no lo perdía, porque sólo contaba los que eran idénticos.»

Un año después de leer esa novela un amigo mío entrevistó a Beattie cuando publicó su siguiente libro ‘Retratos de Will’ y le contó de mi amor por el final de ‘Postales de invierno’. Al dedicarme el libro, escribió «For Laura, we’ll both wait for the two snowflakes that are just alike». Me gusta esta historia porque si algo podría definirme en una biografía es eso: esperando copos de nieve idénticos desde 1984.

El viernes vi cómo un hombre y una mujer se enamoraban en vivo y en directo. Me di cuenta, más allá de por cómo se fueron acercando y por cómo se miraban, porque cuando ella desapareció unos instantes, el tipo, que debía de tener treinta y largos, hizo una especie de mueca extraña. Empequeñeció los ojos como si tratara de recordar dónde había guardado algo que no encontraba. Era fascinación, sorpresa, un «de dónde ha salido y ahora qué hago». Quise recordarle aquel verso Szymborska, que «hubo algo perdido y encontrado», pero pensé que la poesía siempre sirve a posteriori, pero que los directos es mejor vivirlos sin filtros.

Y en la foto parece que esté en un cuadro de Hopper, pero yo creo que estoy mirando a través de una ventana, porque los libros son también ventanas, y fuera nieva y Ann Beattie escribió ese final solo para mí, o eso me gusta pensar.

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