December 17, 2020 at 09:36AM

Nunca había leído a María Luisa Bombal y ayer di con un relato suyo llamado ‘El árbol’ que cuenta la vida misma, cuenta la historia de una mujer que observa crecer un árbol mientras trata de dilucidar las grandes cuestiones de su vida. Y se le escurren los días entre condicionales hasta que se queda atada a sus propias indecisiones. O así fue como lo entendí yo porque uno se lee en lo que lee. El cuento era, en definitiva, una advertencia. Y hay que leer las advertencias como lo que son: señales de peligro. En un momento, el relato decía así: «Puede que la verdadera felicidad esté en la convicción de que se ha perdido irremediablemente la felicidad. Entonces empezamos a movernos por la vida sin esperanzas ni miedos, capaces de gozar por fin todos los pequeños goces, que son los más perdurables»

*

Creo que a lo que se refiere Bombal es a vivir lejos de grandes eslóganes. Nadie sabe qué es ser feliz e incluso leí una vez que la felicidad compensa en altura lo que le falta en longitud. Pensaba en ello caminando por esta Barcelona de diciembre de una Navidad incierta. Hay momentos, destellos, y hay que estar atento para atraparlos: una vieja canción, el verso de un poema, un vídeo en el que tu abuela se come todos los bombones de la caja roja, una foto en la que tu hermano tiene dos años y va en un vagón de tren –y dices «cuánto hemos cambiado» e incluso «qué fácil era entonces»–. Ayer me hicieron una entrevista y me preguntaron qué era lo que me inspiraba a la hora de escribir. Ahora le diría: todo esto.

*

Feliz jueves de pre-Navidad. No os olvidéis de las advertencias que al final, la vida, como en la foto, siempre se abre paso.

Ver en Instagram

Aun no hay comentarios.

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *