May 16, 2020 at 07:22PM

También mueren los lugares donde fuimos felices y esto lo decía Julio Ramón Ribeyro. Así, ayer llovía y, paseando por la Diagonal,vi que nuestro bar, el San Telmo, cerraba. No había más explicaciones. Un cartel, colgado en esos cristales a través de los que he pasado tanto tiempo mirando, anunciaba: «Próximamente: Dumbo».
En el San Telmo siempre nos quedábamos la misma mesa. Una apartada, en el fondo, casi al lado de los baños y de la escalera de caracol. Años atrás iba con aquel chico y yo me pedía siempre unos macarrones y un vino blanco. Algunas de aquellas veces conseguimos no pelearnos, lo cual siempre era un logro, y solo por eso le cogí cariño a aquel barecito. Después, el chico se fue, pero el San Telmo siempre me lo recordaba. Con el tiempo colonicé otras mesas con mi amiga L. –la vida es ir conquistando sitios nuevos dejando intactos los del pasado, por eso nunca volví a la de la esquina– y así puedo decir que tengo un recuerdo para cada rincón del San Telmo. Últimamente nos sentábamos en la barra acristalada que da a la Diagonal. Pedíamos vino y olivas. Cuenta Manuel Vilas en ‘Ordesa’ que una relación que muere da origen a una lengua muerta. «Cada pareja, cuando se enamora y se frecuenta y convive y se ama, crea un idioma que solo pertenece a ellos dos. Ese idioma privado, lleno de neologismos, inflexiones, campos semánticos y sobrentendidos, tiene solamente dos hablantes. Empieza a morir cuando se separan. Muere del todo cuando los dos encuentran nuevas parejas, inventan nuevos lenguajes, superan el duelo que sobrevive a toda muerte. Son millones, las lenguas muertas». Con los bares ocurre algo parecido. Hay lugares que uno guarda como si fueran amuletos, como esas fotografías que revisitamos en un engañoso álbum de familia y que nos cuentan no la historia real sino la historia que nosotros queremos recordar. Así que ayer me quedé unos instantes detenida frente a la cristalera. Hice una foto al cartel, y pensé que seguro que a pesar de aquel nombre absurdo, Dumbo, a alguien le ocurrirá lo mismo que a mí: que encontrará entre las mesas de ese nuevo local un lugar para recordar pero también una esquina desde la que mirar el mundo.

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