May 07, 2020 at 01:06PM

Cinco años atrás, como para olvidarme de la fecha, me llamó el que por aquellos entonces yo consideraba, en el más fiel argot de las pelis protagonizadas por Jennifer Aniston, «el amor de mi vida». Me gustaba pensarlo así, a pesar de que hiciera tiempo de que ni siquiera nos veíamos, de que nos hubiéramos peleado tropecientas veces y todas con peor resultado. Pero la historia es que me llamó y todas las conjeturas fueron pasando una a una por mi cabeza –¿reconquista, amor imposible y ahora volvemos a empezar, se ha dado cuenta de que soy el amor de su vida, me voy a vivir a doce horas en avión de Barcelona?–. Bueno, en definitiva: me llamó para decirme que se casaba. Con otra, claro. Y me puse tan nerviosa que reaccioné como si me acabara de tocar la lotería. Gritos de júbilo, enhorabuenas, risas, «ya me mandarás fotos», «esa chica es estupenda». El tipo se quedó completamente alucinado, sobre todo cuando, ya a punto de colgar, me preguntó por mí y le dije «¡Yo también me caso!»
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La foto es de un relato de Adolfo Bioy Casares incluido en ‘La muñeca rusa’ que releí el otro día. El cuento se llama ‘Amor vencido’ y tuve que leerlo dos veces para entenderlo. Me pasa a menudo con Bioy Casares, y con las cosas en general, pero esa última línea «Me faltó ánimo para explicar» resume tantos episodios de nuestras vidas que me la imprimí y aquí la tengo ahora, colgada en el despacho.
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Obviamente yo ni me casaba ni tenía novio ni sabía qué ni por qué narices estaba diciendo todo aquello, pero colgué rapidísimo porque alguien llamaba a casa, eso también me lo inventé, y le prometí que le llamaba al día siguiente para darle detalles. Ni llamé ni me casé y ese pobre amor de mi vida –que gracias a dios no habla español y no podrá jamás leer estas líneas– se pensó durante tiempo, imagino, que yo también me había casado. Pero perdimos el contacto y el año pasado le vi unos momentos en una boda. No me preguntó por mi marido, ni si quiera por qué nunca le devolví ninguna de las llamadas. Pero si me hubiera dicho algo, tenía la frase: «me faltó ánimo para explicar». Aunque suele ocurrir que cuando tienes la frase preparada ya nadie te pregunta.

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