September 04, 2019 at 10:48AM

En los años ochenta, en California, muchas mujeres camboyanas acudieron al médico aquejadas por el mismo problema: no veían. Todas ellas eran refugiadas de guerra y, antes de huir de su país, habían sido testigos de las atrocidades de los Jemeres Rojos. Por ejemplo, una mujer se quedó ciega después de que su marido y tres hijos desaparecieran. Lloró durante cuatro años y un día amaneció ciega. Pero no fue la única. Otras sufrieron de visión parcial o borrosa, sus ojos anegados de sombras y dolor.
Los médicos que examinaron a aquellas mujeres no encontraron nada raro. Se trataba de ceguera psicosomática: las mentes de aquellas mujeres, forzadas a digerir tanto horror e incapaces de asimilar más, se las habían ingeniado para decir «basta, hasta aquí» y apagar la luz.

Durante una época fui propensa a los desmayos, a levantarme de golpe y perder la visión en un fundido a negro. Tenía que agarrarme a lo que tuviera cerca para no caerme. Después de darle muchas vueltas al tema, un médico me preguntó: «¿qué es lo que no quieres ver?». Da para pensar.

El trayecto que hicimos de Barreirihnas a Sao Luis fue largo. Íbamos las seis en una mini van con un aire acondicionado como el de los vagones de renfe. Yo estaba sentada al lado de la ventana y, cuando fue imposible leer porque ya había caído el sol, no me quedó más remedio que mirar por la ventana. Siempre hay cosas más urgentes que hacer que mirar por la ventana (y dicen que a veces, lo urgente no deja lugar a lo importante). Porque en las dos horas de trayecto que quedaban hasta Sao Luis vi árboles, porches en los que familias enteras se reunían. Vi puertas de velorios abiertas de par en par y ceremonias religiosas improvisadas, vi cómo un padre recogía los restos de la barbacoa y un abuelo regañaba al que supuse que era su nieto. Vi una mujer pintándole las uñas de verde esmeralda a una niña pequeña.Había una luz tenue, una luz que permitía ver otras cosas. Vi Brasil, por fin, cuando estaba a punto de volverme a casa.

Septiembre tiene una luz distinta. Es amarilla, como aquellos versos de Miguel Hernández: «un día se pondrá el tiempo amarillo sobre mi fotografía». #viajar #literatura #sigridnunez #poesia #brasil
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