August 11, 2019 at 08:28PM

Cuando descubro una esquina, un paisaje o un lugar que verdaderamente me emociona recuerdo a Holden Caulfield: «No cuenten nunca nada a nadie. En el momento en que uno cuenta cualquier cosa, empieza a echar de menos a todo el mundo.» Cuando luego, alguien me pregunta por esa esquina, por el paisaje o el lugar, siempre respondo con el mismo fingido desinterés: «Psé, no te pierdes nada». Luego me arrepiento un poco. Pero,de algún modo, uno siempre querría preservar los lugares especiales de la vida, esconderlos un poco, como cuando racionamos algo para que dure solo un poquito más.
En el Delta del Ebro, además de flamencos, animales por los que siento auténtica debilidad, hay muchos agaves. Estas plantas, que proceden de hábitats áridos y soleados, comparten una característica que las hace más que singulares. El agave solo florece una vez en su vida y, después de hacerlo, se muere, algo que se conoce como monocarpismo.
Cuánto que aprender de ellos, he pensado hoy al ver un agave florido. Estamos acostumbrados a entender el final –de la vida y de la mayoría de las cosas– como un sinónimo de hartazgo y decrepitud, pero qué mejor que terminar como ellos, los agaves: con el florecimiento, la celebración.
Y si alguien me pregunta qué me parece el Delta del Ebro: «Psé. No os habéis perdido nada». #flamencos #agave #deltadelebro #deltadelebre #salinger #holdencaulfield #viajar #verano #mar #monocarpismo
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