June 25, 2019 at 03:07PM

Yo también me emborraché en San Juan por primera vez. Tenía doce años y aquello me pilló totalmente de improviso. Los mayores habían preparado sangría de verdad, no de las de tetrabrik de Don Simón. A alguien, que fui yo, se le ocurrió que, de postre, podía terminarse toda aquella fruta blandita, con sabor azúcar, que se había quedado en el fondo del barreño. Me la terminé toda. Después, me levanté para ir a tirar petardos pero, a medio camino, me detuve. Todo se movía a mi alrededor. «Mamá –grité asustada–. Es que creo me ha pasado algo». Mi madre vino a por mí y, cuando vio el desastre, su hija tirada en el pasillo, apestando a vino y a fruta macerada, me dijo «a ti lo que te pasa es que te has emborrachado»

El sábado, en la tarima de El tropical había un señor maravilloso –debería de tener cincuenta y largos– que bailaba con un ritmo que, en fin, ya nos gustaría a muchos. Estábamos nosotras abajo, embobadas con sus improvisadas coreografías. Tanto, que se acercó otro señor de su misma edad, le fue a dar un gintonic al acróbata, y después vino hacia nosotras: «¿A que baila bien mi marido? Pues solo hay alguien que lo haga mejor… ¡Yo!». Después, maravilla, se arrancó él también a lo Fred Astaire. Animado por los bailarines, subió un grupito de adolescentes a la tarima. Los niños, desgarbados, saltando, con un sentido del ritmo más que cuestionable, y tratando de llamar la atención de las niñas haciendo cualquier gansada. Y las niñas, más coquetas que cuchicheaban entre ellas en un extremo de la tarima avergonzadas, supongo, de los intentos de seducción de sus compañeros. Ay, la vida, pensé. Lo que nos cuesta aprender que no hay que hacer payasadas para llamar la atención.

Decía Anthony Trollope que no existe felicidad en el amor, a no ser que sea al final de una novela inglesa. Yo creo que al tal Trollope le hubiera hecho falta una visita fugaz a la barra de El tropical. Las verbenas, Anthony, son para tomarse todas las frutas del fondo de la jarra de sangría, para bailar con el mejor bailarín de Cadaqués, que es tu marido. Para decirle a la chica de clase, ahora que se acerca el verano y que los dos os vais de campamentos, que sí, que te gusta.
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