June 13, 2019 at 08:39AM

Disculpe la tardanza en responder este email.

Perdona que no te haya contestado hasta ahora.

Quiero expresarle mis más sinceras disculpas por la tardanza en responder su consulta del pasado día X.

Siento enormemente haber tardado tanto en escribirte.

Llego tarde, lo sé.

Rogamos disculpe la demora en responderle a su petición.
***
Porque:
-He estado muy ocupada volviendo de vacaciones y haciendo otras cosas que sí tenía ganas de hacer.
-Me mordió una serpiente en la mano (soy muy aventurera) y no podía teclear bien.
-Tengo jet lag desde que llegué, hace tres meses.
-Mi prima se casa, ¿sabe? Y tuve que comprar el regalo y eso me llevó tiempo, y mis hijos crecen y bueno, a uno se le cayó un diente la semana pasada. Y por eso claro, su email…
-Tengo puesto un filtro de correo selectivo: solo leo lo que me interesa.
-Se coló –él solito– en la carpeta de Spam, ya sabe usted lo traviesas que son las nuevas tecnologías.
-Mi psicólogo me ha puesto un tope de internet al día –internet détox– y su email no entraba en el cupo.
-Me he cambiado la dirección de email y ahora solo utilizo aquella en la que no está su email.
-¿Seguro que me envió el email o lo he soñado?
-Verá, es que había palabras en inglés y no las entendí.
-Quería contestarle un email tan bonito que al final lo dejé en borradores.
-No sabía qué responder a su pregunta y lo dejé en cuarentena hasta que lo supiera.
-Trabajo tantísimo –no como usted, que tiene tiempo para escribir emails– que no he tenido ni un segundo. Llevo viviendo en la oficina desde que tengo 18. ***Ayer leí un artículo en The New Yorker sobre las inverosímiles respuestas que damos para justificar que llegamos tarde a responder un email.
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