June 09, 2019 at 01:27PM

Me gusta, en el prólogo a ‘Un apartamento en Urano’, que Virginie Despentes defina a Paul B. Preciado como alguien que nunca se muda: “te mueves, pero no te mudas. A ti no interesa afincarte”. Habla de su amigo como alguien que habita una clandestinidad permanente.

Me gusta también lo que hizo años atrás el artista chileno Alfredo Jaar para abordar el genocidio ruandés. Montó una exposición, pero las fotografías –que mostraban el horror, lo indecible– estaban ocultas el interior de cajas. Para verlas había que descubrir la tapa. Muchos visitantes lloraban sin ni siquiera hacerlo. No hacía falta: fuera de la caja había una descripción de cada una de las fotografías.
A menudo pienso en eso: en la sutileza de las palabras, en que la imaginación es el arma más poderosa que tenemos para comprender la realidad.

La semana pasada me detuve aquí, en esta fotografía, durante un largo rato. Íbamos de Reno, –la ciudad de la canción de REM, “humming all the way to Reno”– a Tahoe y nos detuvimos a poner gasolina.
Sé que no estuvieron ahí. Ni Edward Hopper ni Richard Estes, pero yo los veía, a todos esos personajes enigmáticos que habitan en la soledad de las gasolineras, en los silencios de los pesados cortinajes que crecen entre parejas adormecidas, neones en cristales, cielos anaranjados que predicen la lluvia. No aparecieron, ni Hopper ni Estes, pero tuve la sensación, por un momento, de que todos, en nuestras clandestinidades permanentes, habíamos sido en algún momento protagonistas anónimos de uno de sus lienzos.

#richardestes #edwardhopper #literatura #usa #alfredojaar #ruanda #rwanda #viajar #paulbpreciado #virginiedespentes
Ver en Instagram

Aun no hay comentarios.

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *