January 15, 2019 at 12:44PM

La anécdota es la siguiente. Antes de que Frank Capra fuera Frank Capra y dirigiera películas tan maravillosas como ‘Qué bello es vivir’, fue un hombre que empezó de cero haciendo malabarismos con esa página en blanco que es veces la propia vida, sin márgenes ni cuadrículas para que se sostengan las palabras que tímidamente vamos escribiendo en ella.
Un profesor de la universidad me contaba el otro día esta historia –no he sabido dar con ella en internet– sobre los inicios del director de cine.
Antes de que Capra fuera Capra iba muy justo de dinero. Tanto que un día se subió al autobús, pagó el billete y el conductor le devolvió 20 centavos y aquella suma irrisoria era todo lo que le quedaba.
Veinte centavos.
–¿Qué podía hacer con ellos? –dijo mi profesor-. ¿Qué te parece que podía hacer con ellos, tener miedo a perder lo único que le quedaba?
(Yo pensé: Pues no sé, Frank. Te los guardas para un café y un cruasán que nunca se sabe).
Pero los artistas son de otra pasta. Porque Capra cogió la moneda, la tiró al aire y dejó que cayera al suelo. Ahí se quedó.
Ahora sí, se dijo. Ahora sí puedo empezar.
Nos dan miedo las cosas vacías, el cero, los veinte centavos, el ‘ay, es que es lo único que me queda’. Pero la vida –y las piscinas– hay que llenarlas bien desde el principio y para ello primero tienen que vaciarse.
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