December 16, 2018 at 10:13PM

Uno.
Sigo sin saber si ayer me gustó ‘Roma’ o no. Sí por lo que contaba, pero no por la condescendencia y porque, al final, el amor no lo salva todo o, al menos, no ese tipo de amor. A Cloe, desde luego, no la salvó. Pero en la película hay escenas de esas que la rompen a una y Alfonso Cuarón pone sobre la mesa ese tema tan olvidado: el que cuenta lo mezquinos que somos cuando damos por sentado –porque ni siquiera nos lo planteamos– que el dolor de unos vale más que el de los otros.
Dos.
Leía hoy la carta blanca de Manuel Vilas en El País Semanal que decía: “Y sigue habiendo en tu corazón ese animal que se enamora de todas las cosas que han sido y serán”. Terminaba así “Fuiste un hombre enamorado, aunque no sabemos de qué”.
Tres.
Paseaba antes por esta Barcelona llena de luces navideñas y lo hacía con un bebé de un mes y medio. Sus ojos azules, que aún no ven del todo, iban de un lugar a otro. Luces, sombras. Era bonito verle la cara, de despistada, de sorprendida. Abría la boca como diciendo: “anda, esto sí que no me lo esperaba”. En el asombro, es en eso en lo que yo pensaba, en que cuando dejamos de asombrarnos –y de enamorarnos, aunque no sepamos de qué– es porque empezamos a estar menos vivos, un poco más muertos.
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