September 04, 2018 at 09:41AM

Fue en la inauguración de un bar de Barcelona. Y fue ayer. De las paredes –verdes– colgaba una fotografía en la que cabía un hombre y muchos libros, quizás demasiados. Aunque no: nunca son demasiados, los libros.

Fui a la barra para pedir y a mí lado, una parejita hablaba Ella le escuchaba a él. –Hay bellezas de cine y bellezas de foto. A mí no me interesa la belleza estática de la fotografía.

Ella no dijo nada, por lo que él siguió. –La del cine es una belleza en movimiento. Hay sombras, imperfecciones. Quizás todo no sea tan armónico como a uno le gustaría que fuera. Pero ahí está la belleza. No sé tú, yo nunca podría enamorarme de lo que siempre es igual.

Entonces se dieron cuenta de que había una intrusa en la barra que, además de pedir su clásico vino blanco, se había detenido a escuchar la conversación. Saqué el teléfono para disimular y me lo puse en la oreja como si fuera a llamar a alguien.
–Nunca te diría “estás de foto”. Para mí siempre estás “de cine”.
Rieron los dos y ella le dio un beso. Me pillaron de nuevo, detenida, con el teléfono en la oreja. Como si fuera boba, ahí en medio del bar verde y la foto del hombre con los muchos libros. Estuve a punto de darles las gracias pero me fui con mi copa y mi ridícula falsa llamada hacia los sofás. Pensaba en cuánta razón tenía el tipo y en la de veces que confundimos la belleza de las fotografías de los anuncios con el increíble encanto del movimiento, que produce sombra, imperfección y sobre todo, vida.
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