August 20, 2018 at 04:25PM

Los manguitos. El Popeye de fresa. Un pegote de crema Nivea en la ceja. La burbujita rosa. La piscina de los niños pequeños. Las amigas de mi madre, a las yo que dividía en dos categorías: las que se mojaban el pelo en la piscina y las que no (en la vida, eso luego da muchas pistas). Abrir los ojos debajo del agua. Creerse la Sirenita, así que mamá llámame Ariel. Tragar agua y toser. El cloro. Los dedos arrugados, el “niños ya es la hora de comer”.
Las piscinas -las públicas sobre todo- me traen muchas cosas maravillosas de la infancia, la vida y los veranos, cuando los días que se suceden parecen hechos de otra textura, de otra medida.
No hay nada más triste que una piscina sin agua, por eso hace años escribí un libro llamado ‘Piscinas Vacías’, que es un recordatorio de la dificultad que entraña el reciclaje de algunos objetos y de algunas historias. Las piscinas hay que disfrutarlas cuando están llenas, aunque se acerquen nubarrones. Después ya no sirven para nada.
#nepal #chitwan #travel #viaje #piscinas #piscinasvacias #monsoon #monzon #selva #chitwan #chitwannationalpark #lasirenita
Ver en Instagram

Aun no hay comentarios.

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *