Todo a medias

Copyright Frances Fay

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“…Escribo páginas como ésta, para dejar señales…En cada letra que escribo está enhebrado el tiempo, mi tiempo, la trama de mi vida, que otros descifrarán como el dibujo de la alfombra”. Julio Ramón Ribeyro

 

Ayer hablaba con un amigo de todos los proyectos que tengo a medias. Qué tal va el artículo de …? ¿Y el de…? ¿Por cierto, aquel reportaje…? La respuesta a todas sus preguntas fue la misma, sin ninguna variación: ya casi está. Que es muy típico mío y es lo mismo que decir que está a medias. La lógica de postergarlo todo no es muy lógica, pero yo la practico a menudo. Todo a la mitad, esperando ese toque de gracia que puede llegar o no llegar. Hace años se puso de moda el termino ‘procastinear’. Yo sigo diciendo ‘a medias’, que me entiendo mejor. O dejar para mañana lo que ya deberías haber terminado hoy, ayer y hace bastantes días.

Soy especialista en empezar cosas que no acabo, no sé si a alguno le ocurre también. Lo de los artículos es lo de menos porque el tema se repite en varios ámbitos de la vida. Empezar es fácil, hay ilusión en los inicios porque se tiene una idea clara de lo que se quiere hacer. O al menos existen unas pautas claras para seguir. Continuar ya tiene un poco más de complejidad porque entran en juego las decisiones. A uno le asaltan dudas. Se avanza hasta llegar a la mitad del camino y ahí aparece una señal de STOP imaginaria. Por dónde seguir. Bueno, ya lo decidiremos otro día. Ayer, hablando con mi amigo me comentaba que a él deberían nombrarlo alcalde de un país llamado Amediasnistán. En ese caso, yo me pido ser regidora.

Los estados intermedios me recuerdan a las escalas en los aeropuertos. Tienes un tiempo de pausa e hipotéticamente lo puedes aprovechar para quedarte eternamente en el aeropuerto, de conexión, o para decidir dónde quieres ir. Al final, lo intermedio es inocuo porque no va a ninguna parte. Y alargar esas pausas, esos estados de indefinición –en cualquier ámbito– no es más que olvidarnos de lo que queríamos en el principio, de lo que queríamos escribir cuando empezamos el artículo. Es fácil no tener que seguir y quedarse en el medio. Eso no requiere ningún tipo de compromiso, pero tampoco nos otorga la satisfacción del dibujo terminado, de ese dibujo escondido del que hablaba el escritor Julio Ramón Ribeyro. La vida de Ribeyro no fue fácil, como la de todos aquellos que se dedican a buscar entre los terrenos fronterizos del arte y la vida. Como él mismo decía: “al nacer se nos dan unas cuantas fichas y al vivir debemos encontrar las restantes para recomponer el rompecabezas de la realidad. Ignoro si son pocos o muchos los que logran reconstruirlo, pero yo pertenezco a aquellos que se irán del mundo sin haber visto el dibujo escondido”. No sé si al final lo encontró, pero mucho me temo que los que dejamos las cosas a medias nunca daremos con ese misterioso dibujo escondido.

 

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