La vida corriendo

 

 

A menudo termino escribiendo a raíz de un artículo de Leila Guerriero (perdona Leila, siempre te me adelantas con las ideas). Pero hace tiempo que le doy vueltas a una cuestión: a esta moda de correr. La semana pasada hablábamos entre amigos de lo bien que queda ser runner y comprarse unas Nike súper molonas que te cuesten por lo menos 130 euros. Por no hablar de hacer maratones, triatlones y convertirse en una auténtica super star haciendo un ironman. Hay algo extremo y perverso en todo esto del deporte. Algo que no es natural.

Guerriero se preguntaba que por qué corremos. Es difícil contestarse a esa pregunta. Unos huyen del estrés, otros necesitan un reto que batir, los demás quieren cansarse para no pensar… También, claro, los que son felices por el simple hecho de correr. A muchos de los que corren compulsivamente les recordaría un refrán alemán que dice que un hombre puede correr en todas las direcciones, pero de nada le sirve cuando está huyendo de sí mismo. Tal vez, antes de correr sin llegar nunca a ninguna parte, deberíamos ver dónde estamos yendo. O por qué estamos yendo hacia ahí.

Yo también soy de las que corre –mejor dicho, corría– y la mayoría de veces no sé por qué.

Empecé a correr a los dieciocho. Vivía en un colegio mayor de monjas a las afueras de Pamplona y a los seis meses los pantalones me dejaron de caber. Cuando me sentaba, notaba el frío botón metálico del vaquero sobre el que se abrazaba mi michelín. Supongo que se debía al sedentarismo, al alcohol de garrafón que todos hemos sufrido en tiempos mozos, y sobre todo, a un menú diario cuyos ingredientes básicos eran el pan y la mayonesa. Así que un día pensé que quería volver a ponerme los mismos pantalones y como no tenía dinero para apuntarme al gimnasio, decidí salir a correr por primera vez en mi vida. Me sentí ridícula. Llevaba mi mp3 –no quiero ni recordar que sonaba, porque me acuerdo, claro y aún era más ridículo- y me fui corriendo hasta llegar al pueblo siguiente. Y aquello me gustó. Así que mi rutina de correr empezó para poner trabas a los avances del michelín. Llegué a correr más de dos horas seguidas y conocí los pueblos de los alrededores. Corría, corría y corría. Cada vez más. Y empecé a hacerlo para pensar. Pensaba mucho, es cierto, pero nunca solucionaba nada.

Toda esta reflexión me vino a la cabeza la semana pasada mientras veía Boyhood, la mejor película que he visto este año sin duda.  En la ella, ninguno de los personajes corre y, sin embargo, tuve la sensación de que Patricia Arquette no dejaba de hacerlo en ningún momento. Corría para llegar al colegio de los niños, para casarse con el hombre adecuado que cuidara de sus hijos, para acabar su carrera, para consolar a su hijo pequeño, para ser madre, esposa, profesora. Corría. Y entonces cuando llegaba el final de la película, un final que creo que nos provocó un nudo en la garganta a todos los que estábamos en la sala, decía llorando: “Pensaba que habría algo más”.

Vuelvo al texto de Leila Guerriero. Nos pasamos la vida corriendo. Corremos sin saber que estamos corriendo y cada uno tendrá sus motivos. Pero la mayoría, yo incluida, los ignoramos. Lo peor de todo es que al final nos preguntamos lo mismo. ¿Eso es todo?  ¿Qué hay después del ironman? ¿No había algo más después de la carrera? En esos momentos es cuando en las salas del cine, en la de la vida de cada uno, se nos hace un silencio incómodo.

12 Comentarios
  • Juan
    septiembre 29, 2014

    ¿Vivías en Santa Clara? Jajajajaja. Solo el trayecto a pie que hay desde el centro debería bastar para que los michelines no avanzaran. A no ser que fueras en bus, claro.
    En cuanto al asunto de correr, creo que es preferible saber hacia dónde corres a conocer el porqué. Eso es algo que (supongo) se conoce con la distancia del tiempo.
    Enhorabuena por el post!

    • Laura Ferrero
      septiembre 29, 2014

      jeje, ahí mismito: en Santa Clara. Y te aseguro que los michelines fueron bastante resistentes!! Pero no hay mal que por bien no venga: así empecé a correr. ¡Gracias!

      • Santander
        noviembre 5, 2014

        Otra antigua alumna de Santa Clara que te lee. Qué recuerdos!!!

        • Laura Ferrero
          noviembre 14, 2014

          Esos recuerdos de Santa Clara… ¡esas habitaciones enanas! Pero en el fondo tenía su encanto :-)

  • manu
    septiembre 29, 2014

    En mi colegio mayor era pan con aceite y sal. (Te diré q alguna amiga q ha ido al tuyo me dijo q pasaba hambre como en Biafra).

    Yo corro, voy con mi musiqueo, pensando en mis cosas, ordenando mi vida, pensando q mañana cambio esto, arreglo aquello e invado Polonia. Y al final, después de la ducha, cual 2 de enero en Lampedusa, todo sigue igual. X q corro entonces? Xq si el movimiento se demuestra andando, corriendo tiene q demostrarse algo. Aunq aun no sepa qué!

  • Juank
    octubre 1, 2014

    Buen tema y mejor escritura Laura!
    Yo quiero pensar que siempre he practicado deporte por diversión, porque es un hábito saludable, te hace sentir bien y te ayuda a encontrar un equilibrio: men sana e corpore sano, es algo bien conocido.
    Pero es cierto que hay otras formas de plantearse el deporte, como una forma de evasión, de búsqueda de identidad o un reconocimiento de lo que uno es capaz de hacer, de búsqueda de los propios límites para sentir que se está vivo.
    Creo que en ciertos casos esa actividad frenética puede esconder una cierta inseguridad sobre nosotros mismos o de búsqueda de quienes somos en realidad, y tuviéramos que buscar un refrendo en retos de este tipo.
    En otros casos será un deseo de evadirse de los problemas que genera el estilo de vida que nos hemos creado, que hace que el hombre tienda a buscar sus orígenes.
    Parte de culpa la tienen, como siempre, los americanos, con la exportación de su estilo de vida y la venta de sus productos y servicios.
    Y también creo que tiene una gran influencia la disminución del peso de la religión en la sociedad occidental, que nos hace buscar otras vías de reencuentro para apaciguar nuestros miedos e inseguridades…

  • Solo
    octubre 6, 2014

    Yo creo que la gente corre porqué pocas cosas hay que te den, sin darte cuenta, un subidón de moral y autoestima tan rápido como te lo da correr.
    Evidentemente todo el mundo empieza con un motivo como adelgazar, seguir la moda, empezar a hacer deporte…pero la nicotina de correr reside creo yo en que tanto el gordo como el flaco (qué gran pareja del cine por cierto) ven en tan solo unos días una rápida mejora en cuanto a tiempo o resistencia. Evidentemente, luego bajar marcas y demás cuesta muchísimo, pero cuando nunca has corrido, pasar del nada al algo es cosa de poco esfuerzo y pocos días. Y esa alegría de verte mejorar en algo creo yo que es lo que engancha.

    PD: por cierto, al amigo Blas no le gustaba correr. Él prefería embutirse en su plumas y sudar dentro de la furgo con olor a queso. Podría haber sido otra solución a esos pantalones tuyos que un buen día decidieron encoger.

  • Jessica
    noviembre 5, 2014

    Thanks! :)

  • vilamores
    noviembre 13, 2014

    Yo, que soy potencialmente adicta a todo, y resulta que correr no me engancha nada.
    Es cierto que me cuesta tanto ponerme las zapatillas y salir a la calle que eso ya supone un triunfo de la voluntad. Más allá, no le encuentro la gracia…
    Así que yo combato el michelín con clases de yoga, pilates y todos aquellos deportes que no requieran que mi corazón se escape por la boca. Aunque todo se andará, porque para masoquista, yo. Un abrazo.

    http://www.vilamores.com

    • Laura Ferrero
      noviembre 14, 2014

      Te acabarás enganchando a esto de correr…. aunque yo, si te soy sincera, sigo prefiriendo irme en bici por ahi o el spinning: por lo menos te ponen horteradas a todo volumen y parece que estás en una discoteca mientras pedaleas! jeje. Ya me contarás cómo va tu evolución de runner!
      Un abrazo

  • Barbarella
    diciembre 9, 2014

    Muy buen artículo Laura. Yo también corro, desde hace 5 meses para ser esactos. Lo mio aún tiene más chicha o delito si cabe, yo corro por el monte. Empecé a correr literalmente por un hombre ( detrás de un hombre queda poco feminista). La cuestión es que lo hago por el mismo motivo que tu, para pensar mucho sin solucionar nada. Y esto último me provoca placer, o algo que se le parece mucho. Tampoco yo le encuentro mucho sentido, pero ya bastante tengo con darle vueltas a lo que no me gusta como para darselas a lo que me gusta porque si……..A ver si esa gran película que todavía no vi, me aclara algo.Un saludo desde el norte de una nueva seguidora.

    • Laura Ferrero
      diciembre 31, 2014

      Hay que hacer las cosas que nos gustan, tengan sentido o no. Me encanta esto de que empezaras a correr ‘por un hombre’. No te creas, yo también me las he dado de deportista más de una vez para ‘quedar bien’. Así somos:-)

      Y sí, tienes que ver Boyhood. Te encantará!

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