Vivir en los balcones

Imagen de Alfonso Casas

 

No sé cuál es la canción del verano. Hace años que no lo sé. Muchos años atrás –ay, el tiempo que no perdona– pasaba los veranos pegada al radiocasete. Con la mano en el play por si sonaba esa canción que era mi preferida y de la que no conocía el nombre. Grababa muchos casetes y me aprendía las canciones de memoria. De hecho, así es como aprendí inglés. Sin embargo, desde hace un tiempo, tengo spotify y las letras de las canciones las busco en internet. Ya no hay ningún misterio: todo está ahí, es tan fácil… Así que a veces no sé  muy bien lo que escucho. Hay tantos grupos y se pueden descubrir tantas cosas que uno se satura. Antes no había opciones. Ahora hay tantas que uno no sabe por dónde tirar. Los jóvenes de hoy lo tenéis todo, me decía mi abuela. Tenéis demasiado para elegir. (Sí, menos trabajo). Pero tiene algo de razón.

El otro día recibí una postal de un amigo y me sorprendió aquello del sello y el matasellos. Ya ni me acordaba. Muchos nos hemos pasado parte de la infancia y la adolescencia mandándonos cartas en los veranos. Mamá, ¿ha llegado el cartero?. Supongo que no descubro nada cuando digo que antes comunicarse costaba un esfuerzo. Había que escoger al menos las palabras adecuadas para que cupieran en un mismo mensaje de texto o para redactar una carta que tuviera sentido. Ahora, con el email, el whatsApp y otras saturaciones tecnológicas, estamos todo el día comunicados y sin saber bien qué estamos diciendo. El otro día descubrí unas viejas libretas en las que tengo escritos los mensajes que me mandó el primer chico que me gustó. Con pulcra caligrafía –que ya no tengo– anotaba el día y el contenido del mensaje. Ahora, a lo sumo, me envío el whatsApp al email para tenerlo, pero eso es lo más tangible que hago. Todo está almacenado en nubes estratosféricas que llamamos memorias externas, dropbox, icloud. Todo tiene menos importancia. Todo es más rápido y puede cambiarse. Las grandes y las pequeñas cosas. ¿Cómo era aquello que decía Zygmut Bauman? ¿Sociedades líquidas? Algo de eso hay.

Ayer hablaba con mi abuelo de mi viaje de la semana pasada. Ya te vimos subida al elefante, Laura, te vimos en ese cacharro que tiene tu madre –el móvil-. Hay que ver –se quejaba– con lo bonitos que eran los álbumes de fotos y la ilusión de ir a revelar las fotos. Y me he recordado a mi misma hace unos años en un fotoprix que ahora se ha convertido en una tienda que vende cigarros electrónicos de esos tan inútiles. Una chica que espera ansiosa en el fotoprix las fotos del verano con aquel chico en aquel bar ¿Saldría bien? Y sé que suena cursi. ¿Habría que hacer copias para mandarlas? Ahora las fotos pueden repetirse las veces que uno quiera y tengo el teléfono saturado con una galería de 6000 fotos que muchas son mías y otras son cachondeos de Julio Iglesias, de Esperanza Aguirre, mofas acerca de la abdicación del rey o la goleada de Alemania a Brasil. Soy la primera en reírme, todo hay que decirlo. Pero hace casi diez años que no hago un álbum de fotos y que no comento las fotos debajo de cada una de ellas. Esas cosas tenían su encanto, su magia. Por no hablar de Instagram. De esos filtros que pueden convertir un zapato en una obra de arte. Y sí, de esa adicción que tenemos a los likes, como si fueran un baremo de nuestra autoestima.

Siempre he sido nostálgica de profesión. Pero a mi me parece que esta vida tiene algo de irreal. Me viene a la cabeza el título de las memorias de Gabriel García Márquez: Vivir para contarla. Y es un buen título para un relato biográfico pero no lo es para vivir una vida. Hoy, si nadie es testigo de lo que hacemos es como si no hubiera ocurrido, ¿no?. Cuando entro en mi Facebook tengo la sensación de que es como vivir en un balcón sin entrar dentro en casa. Y no sé bien cómo se vive en el balcón o si es posible vivir muchos años allí.

 

2 Comentarios
  • Manel
    julio 10, 2014

    Buen post. Estoy de acuerdo, y no. Creo que idealizamos esa época. Los carretes se velaban, y te podias quedar sin fotos, por decirte algo. Hemos perdido “romanticismo” en poco tiempo, puede ser, pero podemos estrechar lazos con mucha gente, con la que uno quiere, de una forma que antes era imposible. Nada es perfecto ;)

    • Laura Ferrero
      julio 11, 2014

      Sí, la idealizamos un poco, pero antes no teníamos las cosas tan fáciles. Ahora todo está al alcance de la mano y la verdad, me parece que tiene menos valor. Pero estoy de acuerdo contigo en que hay cosas que te facilitan mucho la vida, que te acercan a la gente que quieres cuando estás lejos. En eso estoy de acuerdo:-)

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