Las dudas y los paisajes

 “Cada tiempo de dudas necesita un paisaje”
Luis García Montero

Leí en un poema que cada tiempo de dudas necesita un paisaje: unas calles, unos rincones en los que pararse a pensar. Sí: paisajes que ponen color a las dudas y a las crisis. Hoy he recordado esta cita mientras estaba en el cine. En Una pistola en cada mano, la nueva película de Cesc Gay, ese paisaje es Barcelona.

La película me ha hecho sonreír en muchos momentos. El argumento, que podría ser tópico, no lo es. Es un retrato de un grupo variopinto de cuarentones en crisis. Todos ellos son hombres que dudan, que titubean, que se plantean, cuando ya no son los jovencitos fiesteros que iban a conciertos de AC/DC, qué ha pasado con esa vida que les habían prometido ¿existía acaso? ¿Qué hicieron mal? Dónde, se preguntan, dónde se han quedado las promesas de la universidad o todas esas historias de la pareja perfecta.

Hay divorcios, adulterios, pasiones secretas, bloqueos emocionales y nombres que cuestan de pronunciar. Pero hay humanidad a raudales. Hombres maduros que se comportan como niños que me han recordado a aquella maravillosa novela de David Trueba, Cuatro amigos. La leí cuando tenía quince años y aún la recuerdo. En ella, como bien dice el título, cuatro amigos de veintisiete años, emprenden un viaje para quemar los últimos cartuchos de una juventud que no quieren dar por terminada. Es también una novela que aborda un periodo de crisis, una huida hacia delante cuando los treinta están a la vuelta de la esquina y uno aún siente que todo aquello le viene demasiado grande.

Es curioso que al final, lo de la edad sea lo de menos. A los treinta, a los cuarenta, a los cincuenta. Qué más da. Los miedos son los mismos, las dudas, las crisis. De pequeños creemos que los mayores lo saben todo. Cuando nos hacemos mayores nos vamos dando cuenta de que hacen lo que pueden. De que todos hacemos lo que podemos. Y de que en todos los paisajes que hacemos nuestros, es necesario pararse para respirar, para dudar un poco. Para sentarnos en un banco de un parque y pensar que estamos pasando por una crisis. Saberlo y sonreír. La vida, al final, es eso: levantarse del banco y seguir andando.

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