El sentido de todos los finales

“This was another of our fears: that Life wouldn’t turn out to be like Literature.”

Julian Barnes, The sense of an ending

 

En 1990 yo tenía siete años y vi mi primera película de adultos: Pretty Woman. Más tarde vi esa película en tantas ocasiones que llegué a saberme los diálogos. Pero recuerdo sobre todo esa primera vez, porque pareció una película verdaderamente emocionante. Sobre todo el final, con esa canción de Roxette que decía aquello de “It must have been love, but it’s over now” mientras una nostálgica Julia Roberts miraba a través de la ventana de una limusina y un jovencísimo Richad Gere se iba al aeropuerto, pensando aún si tenía que ir a buscar a esa chica en la que no dejaba de pensar. Al final, en un arranque romántico 100% Hollywood va a comprarle un ramo de flores y se dirige a su casa. Le grita desde el coche, ella sale a la ventana y… ¡tachán!, Richard Gere sube por las típicas escaleras de incendios hasta que obviamente, todo termina con uno de esos besos que -eso lo aprendí luego, claro- sólo tienen lugar en Hollywood.

Vamos, otra de esas películas reales como la vida misma.

Cuando acabó la película salimos del cine y le pregunté a mi madre qué ocurría después. Ella me miró extrañada. Yo quería saber si se casaban y tenían hijos. Entonces me dijo, ya cansada de que siempre hiciera ese tipo de preguntas, que eso no se podía saber. Y me dio rabia, la verdad, que las películas siempre te dejarán sin saber qué ocurría más tarde. ¿Se casarían? ¿Se pelearían y Julia Roberts volvería a ser prostituta? Lo más lógico, para una niña de siete años, hubiera sido que alguien pudiera responderme a esa pregunta. Porque en la vida, los finales de película no existían: todo era una continuación. Eso claro, como lo de los besos, también lo aprendí más tarde. Y aquel día, de camino a casa, mi madre me contó que uno nunca podía saber qué ocurría después de que en la pantalla pusiera “The end”. A mi, la verdad, me pareció una estafa. El mi fuero interno, siempre pensé que Julia Roberts y Richard Gere se acababan casando y siendo felices, pero quería que alguien me lo asegurara. Por eso, en ese momento, me pareció que los finales no tenían sentido.

Más tarde cambié de opinión. Con los años me di cuenta de que justamente, lo que ofrecía la literatura o incluso el cine, era la posibilidad de poner un punto y aparte. De cerrar un guión completo y poner un final a las historias, cosas que en la vida nunca sucedían. Y si a medida que crecía me enamoré de los libros, fue en gran parte porque ahí todo tenía una explicación, un final que hacía que lo entendieras todo. Explicaciones causales que le daban una dirección a las acciones: nada sucedía porque sí. Y cuando acababas de leer la última página decías “Ah, era eso”. Y ya estaba, no había nada más que preguntarse. The end.

En la vida es diferente, creo.

El año pasado, cuando vivía en Londres, leí un libro que hablaba de los finales. The sense of an ending, de Julian Barnes. Me gustó tanto que me lo he vuelto a comprar ahora, ya traducido al castellano: El sentido de un final. No es un libro convencional y se aproxima a los finales de nuestra vida, pero a los finales de verdad. El libro narra la historia de Tony Webster, un chico inglés, desde su adolescencia hasta la madurez. Pero la narra desde una premisa imprescindible: la falibilidad de la memoria. ¿Recordamos lo que sucedió o lo que hubiéramos querido que sucediera? ¿No es la memoria una aliada para exonerarnos de culpas y rellenar espacios en blanco con explicaciones hechas a medida? A lo largo de este último año, me he acordado mucho de este libro. Porque Barnes, justamente, desmitifica los finales y lanza una hipótesis valiente; la de que en realidad, los finales en nuestra vida no tienen un único sentido sino varios. Tal vez, hablar de ellos sea una herencia de la literatura, una manera de contarnos nuestra historia.

Sí. Quizás no existan los finales. Puede que esta necesidad de ver escrito “The end” responda a la ilusión de que la vida sea algo redondo, completo, esa historia que, como decía mi querida Joan Didion, nos contamos a nosotros mismos para poder sobrevivir.

 

1 Comment
  • Rai
    febrero 12, 2013

    Lo buscaré en la biblio, no había oído hablar de él.

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