Mentiras de verano

Sé que ha acabado el verano porque ya no hay aires acondicionados funcionando todo el día. Porque por las noches, echamos mano de la chaqueta que nos hemos metido en el bolso por si acaso. Porque volvemos a la moleskine mental de los buenos propósitos del verano y revisamos todos los puntos que anotamos diligentemente para darnos cuenta de que una vez más, las cruces rojas de lo “no hecho” ganan por goleada al tick verde de la victoria.

La tentación de las vacaciones de verano es la misma que la de fin de año: la de solucionar lo que se nos ha quedado pendiente durante los meses anteriores. Decimos: “ahora que tendré tiempo…”, y en esos puntos suspensivos incluímos todo aquello que no cabría ni el bolso de la buena de Mary Poppins. La temática varía: desde decisiones trascendentes a llamadas telefónicas, desde salir a correr todas las mañanas a abordar la difícil pila de de libros que acumulamos en la mesita de noche. Ayer, sin ir más lejos, tuve que dejar a Joyce en la misma estantería donde lleva viviendo los dos últimos años. Pobre. No tuve tiempo para el Ulises, tampoco para Auto de fe. Me ganó, una vez más y por goleada, el mantra del autoengaño.

Los promesas de los meses de vacaciones son una cita a la que acudo puntualmente todos los veranos. Luego llega septiembre con las primeras lluvias, con ese profundo sentido de la realidad que trae el otoño y aplazamos las listas, los propósitos y las antiguas ilusiones porque ya se sabe: en el día a día, o respondemos a los emails o leemos la versión original de À la recherche..  Eso es cierto.

Ayer por la noche, antes de apagar la luz, me detuve en esa estantería abarrotada por todos libros que dejo para otro momento. Y vi al Ulises en su hueco de siempre, esperándome como una eterna promesa de verano. Tendré tiempo, me dije. Y apagué la luz dando gracias de que existieran los veranos, con sus pausas, sus ilusiones, sus decisiones y esos autoengaños que al final, son una tregua necesaria antes de que empiece el otoño.

1 Comment
  • Doctorando con papo
    septiembre 19, 2012

    Deja el Ulises para el próximo verano, pero que no caiga en saco roto la visita a Iruña.

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