Los mapas inventados de las tardes de verano

 

Ayer hacía un calor horrible. Ese tipo de calor que le impide a uno pensar más de cinco minutos seguidos. Ya se sabe; en estos meses hay que huir del asfalto de las ciudades. Pero como las cosas no son tan fáciles, es necesario sacar el máximo provecho de lo bueno que tienen las ciudades en verano. Algunas tienen playas abarrotadas de turistas, otras, parques para resguardarse del sol inclemente, en otras llueve permanentemente y en muchas simplemente no hay mucho que hacer. Pero la mayoría de ellas engalanan las calles con ese maravilloso y antiguo invento que son las terrazas. Sí, mis calles de Barcelona está inundadas de terrazas y me encanta pasar las tardes ahí.

Ayer pasé toda la tarde sentada en una de esas terracitas. Vimos pasar a mucha gente: turistas, niños que salían del colegio de verano, perros cansados, chicas jóvenes con maletas, biciclistas temerarios. Muchas cosas. Mucha gente que decoraba ese particular paisaje urbanita. De mientras, hablábamos y nos quejábamos. Los tiempos, la crisis, el chándal de España para los JJ.OO, el bueno de Rajoy y la dichosa subida del IVA. Una mierda, decíamos, una mierda todo. Últimamente me da la sensación de que es muy fácil ponerse de mal humor. Nos lo ponen fácil.

Pero no voy a escribir acerca de lo que ya sabemos todos. Para ficciones, prefiero las de la literatura que son más inofensivas. Porque lo cierto es que nuestra conversación fue virando y terminamos hablando de libros y videos que nos habían emocionado en los últimos años. Esta fue la conversación que duró hasta el final. Salieron libros, mi querida Jeanette Winterson, Didion, nuestras películas, “te acuerdas de esa escena de esa película.. y esa actriz que… ¿lo has visto? ¡Cómo llora cuando recoge el Óscar!”,  también Io sono l’amore, ese final lacrimógeno del Profesor Holland, la canción de Laura de Lluís Llach en el Camp Nou…Todo aleatorio y sin ningún orden, como siempre ocurren las cosas.  Simplemente pusimos nombres en un mapa inventado, el mapa de todo aquello que nos emocionaba.

Al final, me digo, lo importante es eso.

Me fui a casa sin pensar en el calor, en el chándal de España o en Rajoy. Y cuando llegué, me puse a ver uno de esos videos que tanto me emocionan –quería volver a verlo- y después leí un fragmento de mis Prosas apátridas de Julio Ramón Ribeyro. “También mueren los lugares donde fuimos felices”, decía. Mentalmente, puse otra cruz en ese mapa imaginario que habíamos creado y lo apunté: cómo podía haberme olvidado de Ribeyro.

Habría que vivir así. Poniendo cruces que señalan la felicidad, lo que todavía consigue emocionarnos. Porque sí, hay muchas cosas aún.

2 Comentarios
  • alicia
    julio 19, 2012

    Un placer leerte, Laura! Genial que sigas con el blog! ♥

  • Maika
    octubre 30, 2012

    Laura, me tendrás pegada a tus páginas.

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