Abrigos rojos, amores imposibles y otros inventos modernos

“Es mucho mejor si no sabes lo que has perdido.”

Ray Loriga

 

El pasado invierno, cuando aún vivía en Londres, me enamoré de un abrigo rojo. No era nada del otro mundo, lo reconozco. Nada de alta costura ni de diseños imposibles. Pero fue un flechazo. Lo veía todos los días en el escaparate que había frente a la parada de mi autobús, el número 8. Y durante semanas, ese abrigo de lana rojo me observó desde el cristal. Se acercaba el invierno y anunciaban frío.

Y sí. Empecé a necesitar un abrigo.

Me lo probé una vez, otra, después otra más. Muchas. Pero dudaba. El rojo, me dije, es un color que se ve demasiado. Así que continué pensando, observándolo a través del cristal. Un día, de repente, haciendo un alarde de practicidad, me compré un abrigo negro en una tienda de segunda mano. Discreto, útil, básico. Fue una buena elección, pero la verdad es que a mi pobre abrigo negro nunca le hice demasiado caso. Al final, en la cabeza siempre se quedan todos esos abrigos rojos que nunca hemos comprado, me digo.

La memoria tiene eso: la infinita capacidad de sobredimensionar todo lo que no hemos tenido. Abrigos, momentos, personas. La literatura está llena de ausencias, de pérdidas, de historias imposibles, de despedidas y de lágrimas en una estación de tren. Pero no sólo la literatura sino también nuestro día a día, nuestras conversaciones frente al café de las mañanas. Porque eso, de algún modo, consuela. Llamémosle placebo, tal vez. Pero es bonito embellecer la vida con los recuerdos de lo que no fue. Esos nunca fallan: nunca les dimos la oportunidad de que lo hicieran.

Paseamos a menudo frente a esas vitrinas del pasado amparados por la calidez de los subjuntivos. Disfrutamos haciéndolo. Más tarde, la vida sigue: nos llaman al teléfono, contestamos los emails de turno, hacemos la compra y ya no revolvemos más en los cajones inútiles de la memoria.

Tengo la sensación de que a veces desenterramos cosas tan bellas como inútiles para sentir que alguna vez estuvimos vivos y tuvimos que elegir. Porque hay abrigos rojos, hay amores imposibles. Esa grandeza de un pasado lleno de ecos, como decía Margaret Atwood.

“Cada uno de nosotros guarda algo desconocido de las vidas ajenas.” Kirmen Uribe

 

1 Comment
  • valderomín
    julio 11, 2012

    Hola Laura:

    Me encanta como aprovecha usted, Laura, la realidad, lo cotidiano, lo que vive, para pensar (o sentir) a partir de eso.

    Es un auténtico placer leer sus textos, aunque haya que esperar tanto entre uno y otro.

    Saludos,
    R.

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