Después de la lluvia

 

 

Un viatge comença quan comences

a pensar amb qui voldries fer-lo.

Amb qui t’agradaria despertar-te,

en la cabina d’un tren o al seu muscle a l’avió.

Fa uns anys vam començar un viatge

que anava des del sofà de casa fins a la Gare d’Austerlitz.

 

Però un viatge no s’acaba quan tornes,

sinó quan ja no tornem alhora.

(Angels Gregori, Gare d’Austerlitz)

 

 

Una vez quisimos abrir un blog que se llamara así: Después de la lluvia. No fue un nombre casual. Recuerdo que estábamos en Brasil y había llovido mucho. Tanto, que riadas de agua habían derrumbado las favelas que rodeaban nuestro hotel. Tanto, que la playa de Coapacabana se habia llenado de escombros, basura y de todo aquello que la lluvias torrenciales se llevaron a su paso. Llovió durante tres largos días, y desde las ventanas empañadas de nuestro hotel observábamos las calles, la gente y esa ciudad detenida bajo la lluvia.

El primer día de tregua nos fuimos felices al barrio de Santa Teresa y ahí nos sentamos en el Bar do Mineiro. Comimos, bebimos. Felices por muchas cosas, pero sobre todo porque la ciudad estaba especialmente bonita aquel día. Tenía otros colores. Estaba tranquila. Olía a tierra mojada, ese olor inconfundible de después de la lluvia. Y entonces pensamos en que a veces tiene que llover para que cambien las cosas y apreciemos lo que nos rodea de otra manera. Por eso, en un mantel de papel que cubría la mesa de aquel restaurante perdido,  anotamos por primera vez el origen de nuestro primer blog. Fueron ideas, frases sueltas, composiciones imaginarias en torno a la lluvia.

Pero no pretendo hacer ninguna disertación acerca de los fenómenos meteorológicos y los cambios que provocan el el ambiente. Sólo quería recordar que este blog empezó hace mucho tiempo y que le debe mucho a esas malogradas inundaciones que sufrió Río de Janeiro. Desde entonces ha llovido muchas veces. De hecho, constato que siempre llueve cuando menos nos lo esperamos. Pero cuando las nubes se secan siempre me fijo en esa luz, en esos adoquines mojados que anuncian que algo está por venir. Y pienso en esa mesa de plástico de ese desvencijado bar de Río de Janeiro y me digo que en el fondo, me gusta que llueva. Sí.

Nuestro primer post. Caipiriñas y un mantel de papel.

 


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