Estábamos en el bar de los neones rojos y él contaba una historia: «Tenía una novia con la que me fue muy mal. Terrible. Lo dejamos,y luego tuve otra novia con la que estaba mucho mejor. También lo dejamos. Entonces me quise dar una oportunidad con la que me había ido tan mal». Un amigo suyo lo resumió mucho mejor: «o sea que es como si vas conduciendo por una carretera de montaña en un día como hoy, de perros, coges una curva muy cerrada, y por poco se te van las ruedas y tienes un accidente. Es como si, una vez que ya estuvieras a salvo, tranquilo, decidieras que hay volver atrás, a la curva, para ver qué pasa, ¿no?». Silencio.
*
El bar de los neones rojos se llama Pokhara y pasé muchas tardes aquí. Cuando escuché la letra de Héroes del silencio: «nos hicimos la promesa de los lagos de Pokhara», me dije que un día iría a ver esos lagos. Y el año pasado, en Nepal, el reflejo de los lagos me devolvió el de los neones rojos del bar de esta ciudad en la que, según recuerdo, nunca dejó de llover.
Un bar que contiene la promesa de unos lagos, los lagos que contienen el recuerdo de una ciudad. Una matriuska rusa, eso es la realidad.
*
Escuché a una ancianita ayer en el autobús. Le decía a su interlocutor, un señor aún mayor que ella, que iba a votar al partido de Nunca máis. Imagino que se refería a Más país, pero no me digáis que el equívoco no es una buena metáfora para estos tiempos extraños.
*
Consejo de domingo de votaciones: es recomendable no tentar a la suerte. La curva cerrada resbaladiza siempre será curva cerrada resbaladiza.
Ver en Instagram

Recuerdo una entrevista que le hicieron a Marianne Faithfull muchos años atrás. La leí cuando yo ni siquiera sabía quién era ella. Su nombre me sonaba vagamente, pero lo ubicaba en una generación distinta a la mía, como a Raffaella Carrà, Dalida o incluso a Janis Joplin. Fue entonces, leyendo la entrevista, cuando me enteré de que además de cantante y actriz, había sido también novia de Mick Jagger. La entrevista me gustó. Soy incapaz de recordar en qué periódico la leí, pero el personaje de Faithfull me cautivó. Me gustó esa manera suya de mirar al pasado y recorrer esos caminos ya transitados con la mirada cansada pero ligera de la madurez.
En un momento determinado, el periodista le preguntaba si aún creía en el amor. Para ser más exactos, quería saber si había cambiado mucho su visión del amor al llegar a su edad. Al principio, Faithful le respondía que eso era privado y que no venía al caso pero después matizaba su respuesta y afirmaba que sí, que claro que todavía creía en él.
Pero decía, y esto es lo que recuerdo de aquella entrevista, lo que me acompaña después de tantos años, que creía en un amor que ya no estaba escrito en letras mayúsculas, gigantes, relucientes, iluminadas por neones fosforescentes. Ella creía en un amor escrito con la A en mayúscula y el resto en minúscula.
Un amor sin más pretensiones que las de ser eso mismo, amor, sin mayúsculas, sin necesidad de las estridencias de los focos.

Pensaba que eso es el tiempo, la madurez, quedarse con lo esencial, olvidarse de los neones.

#mariannefaithfull #amor #neones #entrevistas #literatura #ifyouleave #mickjagger #musica
Ver en Instagram

“No quiero ser la mejor. Es un lugar en el que te quedas sola y yo no me quiero quedar sola”, lo decía Hebe Uhart.
*
El otro día fui a un bautizo y a mucha gente con la que hablé le parecía que las cosas me iban francamente bien. Yo sonreí y no negué nada. Incluso dije: «la verdad es que sí, es muy sacrificado todo y blablabla». Luego, ya en casa, llegué y me puse a ver una serie ñoña y cené un boniato riéndome para mis adentros. Ay, el botón del play, ese automático que nos sale. Cómo nos gusta jugar a que la vida real puede ser Instagram. Luego, la vida, al menos la mía, se parece mucho más a llegar tarde a casa, poner un frankfurt en la sartén y calentarme un boniato en el micro.
*
‘Sesión continua’ es una película de Garci pero también una metáfora maravillosa para explicar esto que es la vida. Caes de repente en una sala a oscuras y se está proyectando una película a la que llegas tarde. Imposible pedir unas instrucciones o un quién es quién. Te vas adaptando a la oscuridad y con los años terminas entendiendo el argumento del que formas parte. Luego, claro, llega el momento de abandonar la sala.
*
Contaba Sally Rooney que es mucho más fácil escribir sobre la obsesión y el deseo que sobre un matrimonio feliz. Dice haberse quedado atascada escribiendo sobre relaciones que no progresan adecuadamente, que dirían los boletines de notas del colegio. Estoy de acuerdo con ella. Luego, en la vida real, yo me quedo con la ternura, que dicen que es muda, y con la felicidad, que, como sabéis siempre escribe en blanco y por eso es tan escurridiza.
*
Últimamente no paro de conocer a mujeres maravillosas. Es real y es una suerte. Me decía una de ellas el otro día que estaba en barbecho. Yo le conté esto de mi afición al play en las fiestas multitudinarias, y a los boniatos en la intimidad. Y brindamos. Terminamos, inexplicablemente, en un fotomatón con cortinilla de terciopelo roja. Cómo me gusta todo lo que no es digital, pensé, cómo me gusta ese momento en que estás esperando que salgan las fotografías y vas viendo cómo se imprimen las imágenes sobre el papel de revelar. No me digáis que no es un poco como lo de la sesión continua, no la de Garci sino la de la vida.
Ver en Instagram

En 2005, hace ni más ni menos que catorce años, vine a este país por primera vez. Sierra Leona. Venía a ayudar, o eso es lo que iba contando a los que me preguntaban. Uno tiene un relato y se debe a él.
*

Por otro lado, viniendo, en el avión, leí un ensayo sobre la ballena de 52 hercios, también apodada como la ballena solitaria. Se trata de un espécimen único de ballena que canta a una inusual frecuencia –de 52 Hz–, que es mucho mayor a la de otras especies de ballenas. De manera que es una ballena a la que las otras ballenas no llegan a escuchar. Se la apoda, por cierto, la ballena más solitaria del mundo. Lo cuenta Leslie Jamison en uno de los ensayos de ‘Make it scream, make it burn’. Muchas personas se ven reflejadas en este cetáceo, lo han convertido en una metáfora del aislamiento, de la nostalgia. Asumen que está sola, incluso triste –suponiendo, claro, que las ballenas puedan estarlo– que lo pasa mal, ahí, en el océano a la deriva de las mareas, las lunas.

Lo que realmente nos ocurre –a nosotros, no a la ballena– es que vivimos atrapados por nuestras propias metáforas, nuestros íntimos deseos de conectar.
*

Lo que ocurrió en Sierra Leona, cuando yo tenía veinte, es que venía a ayudar pero, a pesar de que estuve el verano trabajando en un colegio, incluso en un hospital, no ayudé absolutamente en nada. Asumí, como con nuestra ballena solitaria, que ellos eran los que necesitaban ayuda. En realidad, creo que los que la necesitábamos más éramos nosotros.
*

Lo he dicho ya: lo que nos ocurre es que vivimos atrapados por nuestras propias metáforas, nuestros íntimos deseos de «conectar». De conectarnos con los otros, aunque sean ballenas a las que creemos perdidas en el océano. Así nos sentimos menos prescindibles, más importantes, menos solos.
#freetown #ballenas #lesliejamison #makeitscreammakeitburn #literatura #sierraleona #viajar #africa #whales #52hertzwhale #conectar #soledad
Ver en Instagram

Una vez, la única que cocinamos juntos, tratamos de hornear una tarta de zanahoria y, aunque pusimos todos los ingredientes y en el mismo orden que en el tutorial de youtube, la masa del pastel no subió y, a pesar de que sabía bien, fue su madre la que nos advirtió de que en ocasiones no bastaba con tener todos los ingredientes. Me pasó lo mismo ayer, frente a la nevera, tenía de todo y no sabía qué iba con qué. Muchas cosas juntas tampoco hacen una cena, me dije.

No sé si os ha pasado: estar en un país extranjero, ir a conectar un secador o cualquier otro electrodoméstico a la corriente y que el voltaje sea distinto. Siempre me hace reír el sonido del secador, a medio gas, como lanzando pequeños alaridos. O la plancha de pelo que no termina de arrancar. Ay, la intensidad. Es necesario dar con el voltaje adecuado para que no se nos aburra el secador.

Poco antes de que se muriera, le pregunté a mi abuelo qué era, para él, la felicidad. Me respondió que era no querer más de lo que tenías. En aquel momento, yo lo entendí como una resignación, ahora entiendo que tiene que ver con el voltaje, con saber hacerse una buena cena con lo que tienes en la nevera.

La foto es de una ventana interesante de Nueva York, la inquilina o el inquilino sabría aquello que decía John Waters: «Necesitamos hacer que los libros molen de nuevo. Si vas a casa de alguien y no tiene libros, no te lo folles». Mmm. Que no os engañen, antes de hacer cualquier cosa, hay que ver de qué libros se trata.

#johnwaters #libros #literatura #newyork #usa #viajar #felicidad #voltaje #sexo #ifyouleave #instagramstories
Ver en Instagram

Tienes razón, Lola, en esto de intentarte zafar. Ayer estuve observando durante todo el día como, cada vez que alguno de nosotros intentaba levantarte y ponerte las piernas verticales en el suelo, como diciéndote «hija, que ya va siendo hora de que andes» fruncías el ceño, levantabas las piernas como si el suelo ardiera y hacías pucheros. Creo que lo has pillado: sabes que cuando empiezas a andar ya no puedes volver atrás.¿Conoces la tecla «deshacer»? Pues la vida es al revés, y lo intuyes, por eso crees que mientras no levantes las piernas del suelo estás a salvo.
Ayer vi el primer episodio de la serie ‘Moderm love’, la adaptación de la columna del ‘New York Times’. Y voy a hacer un spoiler como una casa, así que quien quiera verlo puede dejar de leer aquí. Bueno, pues el capítulo cuenta la historia entre Maggie, una chica de unos treinta, y Guzmin, el portero del edificio donde vive.
Maggie quiere encontrar el amor, como todos. Y día tras día queda con distintos hombres a los que Guzmin, solo con verlos entrar, descarta: «No te llamará», «éste tiene serrín en la cabeza». Maggie ya teme el momento de traspasar el umbral de su portería a la espera del juicio inclemente de Guzmin.
Luego, Maggie se queda embarazada de uno de estos hombres que pasan, y es Guzmin el que le ayudará con la niña. Pero entonces, las cosas cambian y Maggie y la niña se marchan de la ciudad. Regresan cinco años más tarde y, en ese periodo, Maggie ha conocido a un hombre bueno. Esta vez, cuando pasa el umbral de la casa, Guzmin asiente. Maggie se extraña. ¿Ha sido tan fácil, ha necesitado simplemente 30 segundos para mirar al hombre y entender que éste sí?
Guzmin le responde: «Yo nunca miré a ninguno de esos hombres. Yo solo me fijaba en ti, en cómo te sentías tú con ellos». Ay.
Mira Lola, moraleja: el amor no siempre acaba en beso pero sí en mirada, preocupación, cuidado. En la vida, que te miren bien.
Y tú tranquila que yo ya me ocupo de que, por el momento, nadie se entere de que tú ya sabes andar, de que lo que no quieres es que nadie se entere.

Feliz primera vuelta a sol, Lola.

#modernlove #newyorktimes #amor #andar #calpedros #cumpleaños #serie #literatura #amazonprime
Ver en Instagram

Cosas que ocurren en una semana.

Se hablaba el otro día de autocrítica, esa virtud tan en desuso y ya en vías de extinción, a raíz del destacado de un periódico que decía: «un vecino de Dodro, a punto de morir tras morderle una víbora: “Foi fallo meu ir a pasear en chanclas”».
Ojalá más de nosotros viviéramos diciendo algo parecido. Yo, por ejemplo, cuando me corto, siempre digo que es culpa del cuchillo.

Perdí el collar, el collar con la piedra verde, y llevo dos días poniéndome la mano sobre la clavícula, como si fuera a encontrar el tacto frío del metal. Desaparecen los objetos y dejan un hueco, pero nosotros, torpes, a tientas, tardamos tiempo en acostumbrarnos a que nos faltan collares y otras tantas cosas que no lo son, pero es cierto que todo lo que se va ocupa un lugar.

En un bar, uno de nuestros favoritos, que está en aquella plaza cerca de Trafalgar, nos juntamos los tres. En la mesa de al lado, una pareja se daba el lote sin parar. Después, se fue la pareja y llegaron dos amigas que hablaban, creo de alguna relación o intento de relación. Escuché, entre los consejos, uno: «escógete a ti». Eso mismo.

El otro día un tipo que nos adelantó en coche empezó a hacernos gestos a través de la ventanilla de forma muy violenta. Creo que no habíamos hecho nada o, al menos, nada que mereciera esa agresividad. En un ataque de lucidez, le dije al copiloto: «él tiene el poder de gritarnos. Nosotros el de no mirarle». Y la foto. Bueno, qué os voy a contar de la foto. Ya lo he dicho: cosas que ocurren en una semana.

#parking #emergencia #salidadeemergencia #literatura #escribir #barcelona #bares #autocritica #ciudad
Ver en Instagram

Aquí unas reflexiones sobre el amor mientras termino de leer ‘Gente normal’, de Sally Rooney.

Está claro que, en la vida y en las relaciones, te pueden dejar. Que puedes dejar. En ningún caso es fácil, agradable o divertido. Unos dirán que es más fácil si te dejan a ti y otros que es más duro dar el primer paso.
Pero lo peor no es que te dejen, ni siquiera que dejes tú a alguien a quien quieres. Lo verdaderamente triste es no saber hacerlo, no saber dar con la manera de estar con la persona que quieres estar.
Sally Rooney cuenta una historia de dos personas que se quieren pero que no saben encontrarse. Pasa a veces. Deberíamos saber -o haber sabido- querer a esa persona. Y lo intentamos, de hecho, una y otra vez, pero ocurrió como en aquella canción de Nacho Vegas, Como los erizos, se llama.

Otras reflexiones que hago después de comer hoy con mi abuela.
“Laura, todo eso que dices son tonterías. Querer es poder.

Y unas últimas reflexiones que hago yo sin necesidad de leer a Sally Roney y haciendo oídos sordos a lo que dice mi encantadora abuela.
Cuando te dejan, cuando dejas, hay dolor, pero está también eso otro, la certeza de que no ha podido ser. Cuando no sabes hacerlo te queda la incertidumbre, el subjuntivo. Y qué precioso y peligroso es todo aquello que al final no pudimos tener.

#sallyrooney #gentenormal #normalpeople #amor #relaciones #ifyouleave #literatura #domingo #sunday #books #leer #nachovegas #comoloserizos
Ver en Instagram

No soy de lágrima fácil y mucho menos de llorar en público. Recuerdo, sin embargo, que unos años atrás, me fui a los Verdi a ver ‘Manchester by the sea’ y tuve que salirme a media película porque me ahogaba, literalmente, entre pañuelos, lágrimas y mocos. Logré terminar de ver esa película en la que siempre hace tanto frío y nadie logra encontrar las palabras para decir lo fácil, que es también lo que más cuesta –cosas como lo siento, te quiero, o no supe hacerlo mejor­–. Recuerdo especialmente esa escena en la que Michelle Williams y Casey Affleck se encuentran por la calle, él le dice: « I can’t beat it. I can’t beat it. I’m sorry. ». Ahí fue cuando me levanté de la butaca.
Nunca pensé que un día vendría hasta aquí, hasta Manchester by the sea, ni que me encontraría, en la única y preciosa librería de todo el pueblo, un libro que se llama ‘A history of the theories of rain’ porque incluso la lluvia tiene una historia y una teoría, aunque vivamos tan deprisa y tan de espaladas que solo creamos que existe aquello que vemos.
No soy demasiado fan de ese tipo de frases grandilocuentes del tipo «este libro/esta película me salvó la vida». Pero ‘Manchester by the sea’ me la salvó un poco. Por eso llegué aquí, en una especie de peregrinación, a este Manchester que parece una postal de un lugar detenido en el tiempo, y recordé a Casey y a Michelle, perdidos entre la nieve y los silencios y les di las gracias. Lo que ocurre con el arte es que es espejo, que es, a veces, la mecha que enciende el otro relato, el que escribimos dentro de cada uno de nosotros.

Ayer, de noche, regresando ya a casa en un avión que se pasó medio vuelo «atravesando un área de turbulencias», un azafato español, Antonio, que tenía un inglés la mar de divertido, dijo, por si alguien necesitaba ayuda: «Let us know if you need any hope». Sonreímos todos los de la fila de atrás. Más de uno hubiera querido levantar la mano: que la esperanza pase por aquí, 49L. Aquí la espero.

#machesterbythesea #manchester #usa #film #caseyaffleck #michellewilliams #love #amor #literatura #aviones #cine
Ver en Instagram

Tres cosas voy a decir.
Uno.
¿Qué sentido tiene agotarse en un gimnasio si con solo desabrochar un sujetador con las manos temblorosas se queman 67 calorías? Además, otro dato a tener en cuenta: con los orgasmos femeninos se queman 127 calorías si son reales, y 60 si son fingidos.

Dos.
En Penn Station. Viendo trenes, buscando la vía. Lo peligroso no es ver marchar trenes -todos lo hemos hecho en algún momento-. Lo peligroso, perverso casi, es quedarse en el andén por si de repente vuelven. Como si un río fuera a darse la vuelta, así, de repente. “Al otro lado de la vida, de donde no se vuelve”, que decía Alberto García Alix.

Tres.
El niño, que no aparece en la foto, perdía todo el rato y su padre se reía. “Estoy jugando mal a propósito, dejándote ganar”, ha dicho al final, ya medio lloroso. No me digáis que a veces no dan ganas de decirle eso mismo a la vida, al karma y a todos los demás: que no es más que una técnica para despistar.

Apunte al Uno: 60 calorías equivalen a 200gramos de brócoli o a una naranja mediana. No sé si lo de fingir sale a cuenta.

#domingo #newyork #literatura #sexo #orgasmos #fingir #calorias #albertogarciaalix #fotografia #amor #sunday #city #travelling #pennstation
Ver en Instagram

Fuimos de Reno al Lake Tahoe y, cuando llegué a aquel hotel destartalado frente al lago, abrí la maleta y me di cuenta de que me había dejado un plumón azul marino –que era importante– en el armario del hotel de Reno.
Recuerdo que le di vueltas a la posibilidad de dar marcha atrás. Pero si volvía se me hubiera hecho tarde y hubiera tenido que conducir de noche y no conocía la carretera.
Aunque, en realidad, podría haberlo hecho. Volver a por ella, a por la chaqueta –que era importante porque la chaqueta era lo que me quedaba– pero me vinieron a la cabeza tantas frases hechas, tantos eslóganes facilones que te advierten de que lo importante es avanzar siempre –move on, get over it–, que dicen en inglés, que al final me quedé en el lago y salí a comprarme otra chaqueta. Además, resultó ser mucho más bonita que aquella azul que procedía de otra época.
Ayer, entre risas, le contaba la anécdota a una mujer que me dijo: «Sabes que tendrías que haber vuelto a por la chaqueta, ¿no?». Se quedó en silencio, cambiamos de tema y la conversación se fue por otros derroteros y terminamos hablando de la última de Tarantino.

Tiempo atrás movilicé a un aeropuerto entero, el de Doha, para que encontraran una almohada de viaje negra que me había dejado en el control. Me mandé más de diez emails con un tipo que, aún lo recuerdo, se llamaba Joseph. Lo cierto es que nunca recuperé la almohada, pero lo intenté.

De vuelta a casa, dentro del vagón de metro, pensé en mi chaqueta extraviada. La mujer de ayer tenía razón: podría haber vuelto a Reno.
En realidad, siendo honestos, lo de que se hiciera tarde y oscuro era lo de menos. Supongo que uno no regresa a los lugares de donde viene porque ha escuchado alguna vez aquello de que no hay que volver atrás ni para coger impulso.
Quizás sea al revés y el impulso –lo del move on, get over it– solo puede llegar desde atrás.
#reno #laketahoe #viajar #tarantino #literatura #ifyouleave #moveon #instagramstories #pasado #whatif #hotel
Ver en Instagram

Mi amiga Ángela cuenta que hay dos tipos de personas. Aquellas que, ante la inocente pregunta de «qué tal», tienen la desfachatez de contestar siempre «todo bien», y las demás, las de «espera que pido un vino antes de empezar a contarte». No sé vosotros pero yo, si alguna vez he dicho «todo bien» era porque estaba al borde de la catástrofe. Además, ¿cómo sigue la conversación cuando alguien te responde «todo bien»? ¿Pago y nos vamos?
A todo esto, me di cuenta el otro día, hablando en una terraza adornada con unas luces que parecen sacadas de la película de ‘El jardín secreto’ (película que alimentó mis sueños de ser una princesa india y vivir en una casa como la de la protagonista) que, al contarnos, utilizamos mucho una expresión: «Estaba pasando por una época en que…».
–No dormía por las noches.
–No sabía qué hacer.
–Estaba perdida.
–Me mordía las uñas.
–Me había quedado sin trabajo.
–Encontré ácaros en mi cama

La vida consiste, supongo, en encadenar todas esas épocas para nunca, bajo ningún concepto, poder decir que todo bien. Si no, camarero, por favor, la cuenta. *La foto no tiene que ver ni con los ácaros ni con morderse las uñas. Me paseé el otro día por el Raval buscando localizaciones para hacer unos retratos. Pero hay una regla de oro: cuando buscas un lugar determinado nunca lo encuentras, probablemente porque no existe. A cambio, encuentras otros muchos, como éste que me llevó, de nuevo a ese relato de Carver: ‘Si me necesitas llámame’.
Qué fácil es decirlo. Solo que a veces, con tanto botón, tarjeta, bell o timbre, es difícil encontrar la manera de llamar.

#barcelona #solocreoenelfuego #teatro #amor #ifyouleave #literatura #poesia #domingo #sunday #ave
Ver en Instagram

Pocos consejos me ha dado mi padre en la vida, pero hay uno que siempre me acompaña. Fue un verano de mucho calor, en una terraza de Madrid. Me dijo que uno puede resignarse a muchas cosas, pero nunca resignarse a quedarse con las migas del pastel. Aplicable a todo: parejas, relaciones, trabajos. A lo que uno espera de sí mismo.

Cuando quiero reírme un rato, como hoy, releo el correo literario de Wislawa Szymborska. En especial, las líneas que hablan de aquella aspirante a poeta llamada Baska, que le envió sus poemas buscando su opinión.
Empezaba: «Mi novio dice que soy demasiado guapa para escribir buena poesía. ¿Qué piensan de los poemas que adjunto?». Respondía Szymborsksa: «Creemos que es usted, efectivamente, una chica muy guapa.» Bravo.

Estábamos el otro día de sobremesa y empezamos a rememorar episodios embarazosos que nos habían ocurrido a cada uno. Terminamos confesando las peores cosas que nos habían dicho. «Eres tan feo como un cacahuete», le dijeron a un amigo. Gané yo, que me llevé a casa después de una boda, un valiente «No eres tan guapa para ser tan estúpida». Con los años, todo hay que decirlo, le sacamos mucho jugo a la frase y terminó siendo el nombre de un grupo de WhatsApp e incluso un estampado de una camiseta.

No me gusta dar consejos a nadie. Pero hoy sí. Vuelvo a lo que me dijo mi padre, a lo de las migas, que, en realidad, me lleva a Cortázar: «le quedaba la sensación de que él no era eso, de que en alguna parte estaba como esperándose». Las migas: hay que acordarse de ellas y de que no constituyen por sí mismas, por grandes que nos parezcan, ningún trozo del pastel.
#migas #relatos #ifyouleave #instagramstories #literatura #wislawaszymborska #poesia #cortazar
Ver en Instagram

Me refiero, sin ningún orden en particular, a las siguientes personas:
-El chico que, el miércoles pasado, hacía gigantescas burbujas de jabón para que los niños jugaran en Gala Placidia.
-El librero mejicano que compra incunables y los vende en una librería escondida del Paral.lel.
-La mujer que, con un avanzado Alzheimer me susurró, en aquella residencia de ancianos a la que no volví, que de lo único que se arrepentía era de no haber sido feliz.
-Mi sobrino, que se viste de princesa, y dice que si alguien no lo entiende es su problema.
-La profesora de yoga que dijo que uno no integra lo que quiere sino lo que puede.
-La mujer que, rotunda, afirmó que hablar de poiesis y némesis después de cenar y con una copa en la mano era de muy mala educación.
-Mi madre, que no es filósofa, pero que siempre me insta a contar hasta 10, o hasta 100, antes de abrir la boca.

En fin.
En la tarima -la de la vida- nunca tienen la palabra ni el micrófono las personas a las que yo querría escuchar.

#literatura #poiesis #nemesis #libreria #ifyouleave #domingo #mallorca #instagramstories
Ver en Instagram

El profesor exclamó eufórico: «¡Llegados a este punto ya no es posible abandonar!, ¡no tenéis más opción que seguir!». Justo por eso, porque no había más elección, me bajé de la bici. Sofocada, recogí el agua y la toalla y, dignamente, abandoné aquella clase y, antes de cerrar la puerta, le dirigí una mirada desafiante al monitor de cycling.
Las peores cosas en la vida proceden de esa imposición absurda de alargar las cosas hasta un punto que excede lo deseable. Hay que saber bajarse de la bici, de las relaciones y de los malos libros antes de que se cronifiquen. Cada vez que os digan algo parecido a «ahora ya, para lo que queda, tienes que terminarlo», bajaos de la bicicleta. Es liberador.
*
Varias parejas amigas, después de preguntarles qué tal había sido la experiencia de tener hijos, nos habían respondido con lo mismo: «Compensa». Aquello me recordó a lo que contaba Sergi Pámies, que llega un momento que uno empieza a ir al médico para «descartar». *
Hay sitios bonitos y después está este lugar de la fotografía. Leí un verso de Xurxo Chapela que decía: «Quieres ser inmortal, pero luego no sabes qué hacer con los domingos por la tarde». Ojalá todos los domingos por la tarde frente a este mar de Formentor.

#formentor #mallorca #literatura #cycling #islas #xurxochapela #domingos #hijos #ifyouleave
Ver en Instagram

Todo sucedió exactamente al revés de lo esperado. Me reservé la tarde de sábado para ver una película de Yasujiro Ozu que se me había hecho bola en tantas otras ocasiones y, ya con el dedo en el botón del play, recordé la serie de la que me había hablado mi primo. Y, antes de Ozu, me puse un momento la serie. Infame, por cierto, de tan infame que me vi entera la primera temporada «a ver qué pasa luego», y después ya eran las ocho y tuve que salir rápido. Cura de humildad la mía, como aquella vez que quedé con el rector de una universidad alemana y, como quería impresionarlo para conseguir una beca, memoricé varios pasajes de Heidegger en alemán. Luego, al llegar al restaurante, se me cayó el mp3 sobre la mesa y empezó a sonar, entre servilletas de lino y cubertería de plata, ‘Noche de sexo’ de Wisin y Yandel. Mi vida resumida en un par de escenas. De la beca y de Ozu, ni rastro, claro.
*
Tengo una teoría: que uno se muere cuando deja de hacer bien lo que sabe hacer.
*
Otra teoría: cuando entro en un duty free lo hago con espanto, como si huyera de una catástrofe nuclear y, sobre todo, evitando fijar la vista en ningún lugar: «Laura, vas a salir sin comprar nada, ¿estamos?», me digo. Y aquí la teoría: la técnica duty free –tú escoges no mirar y pasar rápido– es lo contrario a lo que puedes hacer en la vida en general.
*
Ayer, en una fiesta, un tipo me aconsejó –así, gratuitamente, como suceden las peores cosas de la vida– que ya era hora de que empezara a escribir sobre grandes temas. Que la literatura sobre lo cotidiano y temas menores no me iba a llevar a ningún sitio. «Tienes que esforzarte», me dijo. Por eso he decidido escribir hoy sobre Ozu y las series infames, sobre mi amor por el reguetón que eclipsó a Heidegger. Sobre los duty frees y esta manía tan nuestra de pensar que podemos decidir qué ver. Ayer, en esta misma fiesta, nos reíamos con una amiga: «La vida se me hace bola», decíamos. Qué gran título, le preguntaré al hombre que me dio el consejo si le parece que con eso podría escribir algo trascendente.
#yasujiroozu #cine #literatura #heidegger #wisinyyandel #dutifree #ifyouleave #escribir #instagramstories #domingo
Ver en Instagram

Fuimos de excursión. A una cierta edad, te empieza a interesar esa vida que ocurre durante los sábados por la mañana, esas horas que antes estaban simplemente inventadas para que pudieras pasar la resaca.
Fuimos de excursión y la ruta que tomamos, o bien no estaba actualizada, o bien el tipo que la había subido a la aplicación había olvidado comentar el pequeño detalle de las zarzas, de los rosales, del desnivel. Nos pasamos un buen rato yendo campo a través. Pantaloncito corto, bolsa de playa y una mini botella de agua porque «total, ya habrá algún bar en el camino, ¿no». Ya de vuelta, magulladas, sin agua, las piernas marcadas, quemadas en la espalda, yo con un tirón en la pierna izquierda que me hace andar como robocop, nos sentamos en una playa rocosa a tomarnos el bocadillo. Parecía que volviéramos de la guerra. Una amiga, cuando pasan cosas así siempre suele decir «¿Qué aprendes?», y lo hace con voz de gurú espiritual y eso hace que nos riamos todas. Yo, por ejemplo, aprendí que, al fin y al cabo, tener resaca no estaba tan mal. Aprendí, también, que el camino, el que hubiéramos tenido que coger estaba un par de metros más allá. Muy cerca y que si nos hubiéramos detenido unos segundos lo hubiéramos visto. ¿Que qué aprendo? Que lo difícil está sobrevalorado.
Ayer fuimos a comer al Cap de Creus y, de la que volvíamos a Barcelona, pusimos la música que ahora negamos haber escuchado. Laura Pausini, Alejandro Sanz, Eros Ramazzoti. Sergio Dalma –Sergio Trauma, que dice mi amiga P.–, Shakira cuando era Shakira. Y sonaban perlas del calibre: «Cosa más linda que tú, única como eres, inmensa cuando quieres». O el bueno de Alejandro Sanz que te dice que si te enamoras de otro «dile que te cuide mucho, me prometes que lo harás». En fin, todos los tópicos para que luego te pueda ir un poquito mal en la vida. Años después, gracias a dios, llegó el pop británico y empezamos a cantar lo mismo pero en inglés y, al menos, el impacto de aquella educación sentimental almibarada se minimizó: no nos enterábamos tanto.
Ya llegando a Barcelona suspiramos aliviadas. Sonó, en la radio, «Estar soltera está de moda» y me dije que hay esperanza.

#musica #erosramazzotti #capdecreus
Ver en Instagram

En los años ochenta, en California, muchas mujeres camboyanas acudieron al médico aquejadas por el mismo problema: no veían. Todas ellas eran refugiadas de guerra y, antes de huir de su país, habían sido testigos de las atrocidades de los Jemeres Rojos. Por ejemplo, una mujer se quedó ciega después de que su marido y tres hijos desaparecieran. Lloró durante cuatro años y un día amaneció ciega. Pero no fue la única. Otras sufrieron de visión parcial o borrosa, sus ojos anegados de sombras y dolor.
Los médicos que examinaron a aquellas mujeres no encontraron nada raro. Se trataba de ceguera psicosomática: las mentes de aquellas mujeres, forzadas a digerir tanto horror e incapaces de asimilar más, se las habían ingeniado para decir «basta, hasta aquí» y apagar la luz.

Durante una época fui propensa a los desmayos, a levantarme de golpe y perder la visión en un fundido a negro. Tenía que agarrarme a lo que tuviera cerca para no caerme. Después de darle muchas vueltas al tema, un médico me preguntó: «¿qué es lo que no quieres ver?». Da para pensar.

El trayecto que hicimos de Barreirihnas a Sao Luis fue largo. Íbamos las seis en una mini van con un aire acondicionado como el de los vagones de renfe. Yo estaba sentada al lado de la ventana y, cuando fue imposible leer porque ya había caído el sol, no me quedó más remedio que mirar por la ventana. Siempre hay cosas más urgentes que hacer que mirar por la ventana (y dicen que a veces, lo urgente no deja lugar a lo importante). Porque en las dos horas de trayecto que quedaban hasta Sao Luis vi árboles, porches en los que familias enteras se reunían. Vi puertas de velorios abiertas de par en par y ceremonias religiosas improvisadas, vi cómo un padre recogía los restos de la barbacoa y un abuelo regañaba al que supuse que era su nieto. Vi una mujer pintándole las uñas de verde esmeralda a una niña pequeña.Había una luz tenue, una luz que permitía ver otras cosas. Vi Brasil, por fin, cuando estaba a punto de volverme a casa.

Septiembre tiene una luz distinta. Es amarilla, como aquellos versos de Miguel Hernández: «un día se pondrá el tiempo amarillo sobre mi fotografía». #viajar #literatura #sigridnunez #poesia #brasil
Ver en Instagram

Más tarde, cuando un dj empezó a poner música demasiado moderna para nosotros, nos fuimos al mirador de El Prat a ver los aviones. «Ya viene, ya viene», se oía entre los niños, entre la gente. Y al principio no era más que un punto de luz en el horizonte y luego el punto se iba haciendo más luminoso, más grande. De repente, el punto se convertía en un avión pequeño. Jerez. Manchester. Roma. Vilnius. «Ya viene, ya viene». Y se escuchaba un ruido y el ruido terminaba siendo atronador hasta que una enorme ballena panzuda pasaba por encima de nuestras cabezas y le seguíamos la pista hasta que descendía más, aún más, y las ruedas impactaban en el suelo creando una nube de polvo.

Pasamos la tarde viendo cómo los aviones aterrizaban. Sin prisa. Con los niños, los jubilados, los prismáticos, los refrescos y las bolsas de patatas fritas, y los que rastreaban la procedencia de los aparatos mediante aplicaciones de teléfono. El cielo se iba cubriendo de ese rastro leve que dejaban los aviones. El rastro terminaba difuminándose pero estaba ahí, había que saber verlo. Como a toda aquella gente que llegaba, a la que tampoco veíamos. Y mientras, todos nosotros mirando hacia arriba, esperando.
Pensé en una canción de Julieta Venegas que se llama ‘Todo está aquí’ y la canción me llevó, misteriosamente, a la columna de Fernando Sabater que había leído en la playa. Sabater, que hablaba de la tristeza y el duelo, citaba a Jacques Prévert «reconocí a la alegría por el ruido que hizo al marcharse». Sé que es absurdo pero, en ese momento, en El Prat, deseé que Sabater estuviera también ahí y pudiera ver aquel cielo de final de agosto y a todos los que estábamos ahí, sin marcharnos, dando la bienvenida, a lo lejos, a los que llegaban.

#elprat #aviones #31agosto #fernandosabater #julietavenegas #todoestaaqui #tristeza #alegria #duelo #literatura #septiembre #historiasdedomingo
Ver en Instagram

Tú y yo no montamos nunca el bar de dim sums en la esquina de la calle de Enrique Granados, ni fuimos a Tokyo, ni leímos ‘Guerra y paz’, ni vimos entera la película aquella de Claude Lanzmann que duraba ocho horas. Y yo la hubiera visto solo para jactarme luego, no creas.

Tú y yo no. Ya no. Nunca jamás. Y no es un poema de Idea Vilariño.

Tú y yo no aprendimos las declinaciones en alemán y por eso nos castigaban en los recreos copiando una misma frase al infinito.

Tú y yo no escalamos el Montblanc y nos gustaba pensar que un día lo haríamos, y yo me bajo del plan que no estoy en forma.

Tú y yo no sabemos dormir con el ruido del aire acondicionado ni con el de la nevera que, a media noche, empieza a vibrar y se convierte en un gigante enfurecido.

Tú y yo no. O quizás sí, quién sabe.

Tú y yo no odiábamos el arenque ni las mollejas pero sí la remolacha o el queso de cabra, y también a los que se excusan de antemano por algo que saben que van a hacer igualmente.

Tú y yo no viajábamos para contarlo y por eso nos gustaba tanto viajar.

Tú y yo no sabíamos cantar y, por eso, en el coro del colegio nos pidieron por favor que solo moviéramos los labios.

Tú y yo no decíamos tú y yo, decíamos nosotros.

Tú y yo no nos vemos ya y por eso, para vernos, para escribirnos, dejamos mensajes en el ascensor de una casa cualquiera.

#tuyyo #brasil #viajar #claudelanzmann #shoah #literatura #stories #ifyouleave #yano #ideavilariño
Ver en Instagram