Nunca había escrito un guion. Ayer empecé con uno. «Qué fácil», me dije. «Mucho más fácil que escribir un relato y ya no te digo que una novela». Negativo, Laura, negativo. En un relato dejas a la imaginación del lector lo que básicamente no sabes cómo contar. Las omisiones, lo llaman, eufemísticamente, el arte de la omisión. Como llaman flexibilidad laboral al abaratamiento del despido. Pero en un guion más te vale dejarte de omisiones y encontrar las palabras y, sobre todo, las imágenes. Y cuando no sabes cómo contarlo no puedes echar mano de cualquier poeta porque aquí las citas no valen.
*
Este fin de semana me volvió a pasar. Le di dos besos a un taxista. Llegaba a casa con dos maletas y, cuando abrió el maletero, yo iba hablando por teléfono y, sin pensarlo, dije: «Un momento». Me abalancé sobre el pobre hombre y, a medio beso, me di cuenta de que yo a ese señor no le conocía. Que era un taxista. Entonces le pedí disculpas, me puse roja. «Ay perdón», le dije.
Una vez me pasó con una señora bastante estirada que me trajo una alfombra de un anticuario. Le di dos besos también, ahí en el rellano y ella no supo qué hacer. Ni yo. Me puso la alfombra y, ya al salir, quise pedirle disculpas pero no sabía que decirle: «¿perdón por los besos?». En fin: la inercia.
*
Me he enmarcado esta frase de Vivian Gornick en el despacho: «En realidad, es más fácil estar sola que estar en presencia de lo que suscita una necesidad pero no consigue atenderla puesto que entonces estamos en presencia de una ausencia». Supongo que es una versión de aquello que decía mi abuela: más vale solo que mal acompañado.
*
Estaría bien poner esa frase de Gornick en el guion, ¿verdad? En un relato ya la habría puesto.
Pero a lo que iba: bienvenidos los guiones, bienvenidos los besos por inercia –aunque sean ridículos– y bienvenido todo aquello que puede colgar de un corcho en un despacho, pero que no puede ser dicho de otra manera.
#welcome #guiones #guion #script #writing #love #taxis #alfombras #viviangornick #literatura #barcelona
Ver en Instagram

Hace días que pienso en este poema-relato de Richard Brautigan, ‘I was trying to describe you to someone’. Es lo mejor que he leído sobre esa cosa extraña que es el amor. La traducción es mía.
Hace unos días estaba tratando de describirte a alguien, pero no te pareces a ninguna otra chica que haya conocido antes.

No podía decir: «Bueno, ella es igual que Jane Fonda, pero es pelirroja y su boca es diferente, y además, ella tampoco es una estrella de cine». No podía decir esto porque no te pareces para nada a Jane Fonda.

Finalmente acabé describiéndote como una película que vi en Tacoma, Washington, cuando era pequeño. Creo que la vi, en 1941 o 42, por ahí. Creo que tenía siete, ocho o seis años. Era una película acerca de la llegada de la electricidad en el campo, la clase de película moralista perfecta del New Deal de los años 30 pensada para enseñar a los niños.

La película era acerca de los granjeros que vivían en el campo sin electricidad. Tenían que usar linternas para ver durante la noche, para coser y leer, y no tenían ningún aparato eléctrico, como tostadoras o lavadoras, y no podían escuchar la radio.

Entonces construyeron una presa con grandes generadores eléctricos y colocaron postes por todo el campo y tendieron cables sobre los sembradíos.

La película transmitía un sentimiento de heroísmo que venía simplemente de poner los postes para que los cables viajaran a través de ellos. Parecían antiguos y modernos al mismo tiempo.

De manera que la película hablaba de la Electricidad como de un joven dios griego llegando al campo para llevarse para siempre sus formas de vida arcaicas.
De repente, religiosamente, con solo dar a un interruptor, el granjero tenía luz eléctrica para poder ver cuando ordeñaba sus vacas a primera hora durante las oscuras mañanas de invierno.

La familia del granjero podía escuchar la radio y tener una tostadora y luz clara y brillante para coser vestidos y leer el periódico.

Era una película fantástica y me emocionaba tanto como escuchar una canción patriótica o ver fotografías del presidente Roosevelt o escucharlo en la radio.

Quería que la electricidad llegara a todo el mundo.

Así es como yo te veo a ti.
Ver en Instagram

Tengo una teoría: primero se inventó la cama de matrimonio y después, en vistas de que una persona sola no podía cambiar la funda del nórdico, dios inventó finalmente el matrimonio para que la responsabilidad cayera sobre dos personas.
*
Hoy se estrena una serie, ‘Foodie love’, en la que los elementos principales son el amor y la comida. Una de las mejores reflexiones que he visto últimamente está, creo, en el capítulo 2 de la serie. No es ningún spoiler así que lo cuento: una mujer maravillosa, en la barra de una coctelería, rodeada de gente más joven, se da cuenta de que la vida que ve a su alrededor ya la ha vivido y se le ha escapado, que toda esa efervescencia ya no es para ella. Me recordó a mi escena de película favorita, la de ‘Boyhood’ y esa Patricia Arquette que llora en la cocina diciendo: «Pensé que habría algo más».
*
No hay nada mejor que animarse los días lluviosos escuchando canciones italianas de los 80, de los 90. Ayer me recorrí las calles de Barcelona con Umberto Tozzi y Loredana Bertè, con aquella canción que dice «Non sono una signora /Una con tutte stelle nella vita»
*
Me gusta pensar que la ficción puede tener siempre otro final, por eso, creo que la mujer del segundo capítulo de ‘Foodie Love’ se da cuenta, en un universo paralelo, de que la vida trae siempre de vuelta la efervescencia, que no es una cuestión de edad. «Cuando menos te lo esperas» es una frase hecha que detesto pero creo que se aplica a muchos casos.
Por otro lado, no lo intentéis. No hay técnicas. El nórdico es cosa de dos. Como aquella petición que leí en twitter una vez: «Qué ganas de mantita, serie de Netflix y novio. ¿Alguien me recomienda un novio?». El nórdico es cosa de dos, pero si suena Battiato o ‘Non sono una signora’, el fracaso se lleva con muchísima más dignidad.

#nordico #fundadelnordico #matrimonio #foodielove #serie #loredanabertè #umbertotozzi #amor #boyhood #patriciaarquette #cine #series #love #ifyouleave #martes #lluvia #barcelona
Ver en Instagram

Leí ‘Un pedigrí’, de Patrick Modiano, un autor del que no había leído nada. El libro empezó gustándome, después dejó de gustarme y lo terminé pensando que aquellas eran las mejores memorias que había leído jamás. En ellas, Modiano recopila datos: amigos de sus padres, lugares de París, compañeros de colegio, apellidos que recuerda, tardes vagando por la ciudad. En un momento dado, uno tiene la sensación de que está enumerando cosas, de que ha convertido su pasado en una lista. Entonces, dice algo parecido a: «Y el juez me enseña fotos, documentos, piezas de convicción. Y, no obstante, mi vida no era exactamente eso»
*
Era viernes, ese viernes al que ahora se llama Black Friday. O sea, era ayer, y yo
me fui a ver la exposición de Bill Viola. Al principio, como siempre, aburrida, sin entender. Luego, me senté a ver a esta pieza de la fotografía. Parecía una imagen en la que nada cambiaba. Sin embargo, lentamente, imperceptiblemente, los personajes se iban convirtiendo en otra cosa. En ese proceso, me ausenté, y en esa ausencia es donde se produjo la magia. Cuando conecté de nuevo, cuando volví, ninguno de esos personajes era ya el personaje del principio, tampoco yo. Me quedé casi una hora observando la pieza. Veía, supongo, la vida, como esos cuadros de Escher que se convierten en otra cosa justo cuando tú no estás mirando.
*
Las memorias de Patrick Modiano terminan así: «Aquella noche me sentí ligero por primera vez en la vida. La amenaza que pesaba sobre mí todos aquellos años y me obligaba a estar continuamente en guardia se había disuelto en el aire de París. Había zarpado antes de que se derrumbara el pontón podrido. Por poco».
Patrick Modiano da en el clavo: la vida nunca es exactamente eso que contamos.
Bill Viola da en el clavo también, la vida no es exactamente eso que contamos pero, para empezar a entenderla (y a contarla), es necesario sentarse, tener la paciencia de ver cómo cambia lo que tenemos delante y, sobre todo, cómo cambiamos nosotros mientras lo vemos. En realidad, lo de fuera es siempre un reflejo de lo de dentro.
#patrickmodiano #unpedigri #leer #literatura #memorias #billviola #blackfriday #lapedrera #barcelona #videoarte
Ver en Instagram

Ayer vi ‘Marriage story’ y me hizo pensar en la única película que he visto de Bergman, ‘Persona’, pero también en esta pintura de Nigel Van Wieck que no me canso de mirar, ‘Q train’, se llama. Me hizo pensar asimismo en esa sensación que he tenido a menudo: cuando las cosas se te van de las manos y no encuentras manera de volver atrás. Hay una canción que resume la película, la que canta Adam Driver: ‘Being Alive’, de Stephen Sondheim. Nos pasamos la vida intentando hacer eso: estar vivos en la barra de un bar y en la de la vida, en el vagón de un tren y en el de un matrimonio. Nos enseñan a casarnos y a tener relaciones –incluso nos dicen cómo tienen que ser esas relaciones–, pero no nos enseñan a separarnos.
Hace años tenía un amigo que decía que hay que escoger a una pareja pensando en que, llegado el caso, sería un buen ex.
*
La canción dice «Someone to hold me too close». Pero acto seguido: «Someone to hurt me too deep». Ahí está. Demasiado cerca, demasiado profundo. Al pintor Nigel Van Wieck lo conocí hace un par de años en Nueva York. Estuve en su estudio y nunca me había sentido tan acompañada como por todos esos hombres y mujeres solos que habitan sus pinturas.
*
Años atrás, aún en la universidad, mi amigo Álvaro se compró un Ipod cuando aún ninguno de nosotros tenía Ipod. Era de color amarillo. Por aquellas, existía la opción de personalizártelo y él mandó inscribirse una frase. Decía así: In spite of myself, «a pesar de mí mismo». Nos reímos de la teatralidad de la frase, pero él insistía en que ese era su lema vital y en que un día lo comprenderíamos.
*
Con el tiempo he entendido que mi amigo Álvaro tenía razón y que este estar vivo al que canta Adam Driver es siempre a pesar de uno mismo: de las elecciones, del carácter, del autoengaño, de todo lo que resta.
Al final esto de la vida y del amor se resume en ese deseo, el de no querer estar dormidos, el de aprovechar la efervescencia, equivocarse antes que quedarse de brazos cruzados. Y, sobre todo, bailar hasta que se apaguen las luces, hasta que no quede nadie en el bar. Pueden parecer frases hechas, pero no lo son. O no solo.
#nigelvanwieck #qtrain #persona #ingmarbergman #noahbaumbach
Ver en Instagram

Durante años, mientras escribía lo que luego se convertiría en una novela, el texto lo encabezaba una cita un tanto extraña, casi hipnótica, de la poeta uruguaya Marosa di Giorgio. Decía así: «Los jazmines eran grandes y brillantes como hechos con huevos y con lágrimas». A día de hoy, aún no sé cómo un jazmín puede estar compuesto de una materia que aúne lágrimas y huevos, pero lo cierto es que esa frase fue para mí una guía, un mantra. Se la leí en un ensayo a Leila Guerriero y sospecho, intuyo, que ella comprende en qué se parecen un jazmín, un huevo y una lágrima. *

Cuenta Leila que no siempre tiene cosas para decir y que, cuando eso ocurre, se pone a leer a Elizabeth Bishop. Y siempre, antes o después, llega a este poema portentoso: ‘El arte de perder’, y a ese verso que dice: «Lo difícil no es perder algo sino elegir el momento de la pérdida». Yo, cuando no tengo cosas que decir, algo que ocurre bastante a menudo, leo a Leila. A Louise Glück. A Thomas Tranströmer. Escucho Sufjan Stevens o a Bear’s Den. Cuando nada de esto funciona me voy a tomar un vino blanco con un amigo. Esto último nunca me falla. Para escribir hay que cerrar las ventanas, pero para saber sobre qué hay que escribir, es necesario abrirlas. *

No soy mitómana ni me gusta demasiado conocer a gente a la que admiro. Supongo que es miedo a que aquellos que te gustan tanto por escrito no estén a la altura de la realidad. Qué bien que haya gente que siempre supera la prueba. *

Contó ayer Leila que hubo un libro que le salvó la vida, ‘El oficio de vivir’, los diarios de Cesare Pavese. Reímos: que te salve la vida un libro que termina así, «No escribiré más. Solo un gesto», y que después su autor se suicide… En fin. *

No soy mitómana ni me gusta demasiado conocer a gente a la que admiro, por eso nunca acepté la cita romántica que me propuso Karl Ove Knausgård en repetidas ocasiones. ¿Os lo había contado?, ¿no? Bueno, eso es porque nunca sucedió. *

Leed a Leila Guerriero, os lo digo de verdad.

#leilaguerriero #periodismo #literatura #teoriadelagravedad #louisegluck #elizabethbishop #knausgård #barcelona #cesarepavese #amor #sufjanstevens #marosadigiorgio #poesia
Ver en Instagram

Prepárate para NO pararte si:

Un desconocido te ofrece caramelos

Alguien te dice: ¿quieres que te sea sincero?

Si el cartel dice “But first, coffee” o “No tenemos wifi, hablen entre ustedes”. O peor: “La magia empieza fuera de la zona de confort”

Alguien susurra, apenado, que vio tu mensaje pero no tuvo tiempo de responder

El pescado no es fresco

En la bañera hay una alfombrilla antideslizante que, del uso, se desliza

Te dicen que tendrías que sacarte más partido

Está decorado con frases de ‘El principito’ sin citarlo: Lo esencial es invisible para los ojos

Te dice que se ha leído todas tus novelas pero tú solo has escrito relatos

Todo el rato insiste en diferenciar entre lo literario y lo comercial

Escuchas “no eres tú soy yo”. Ay, ahí ponte a gritar y llama a la policía

#preparetostop #stop #pararse #elprincipito #ifyouleave #barcelona #literatura #instagramstories #coffee
Ver en Instagram

«Qué te pasa?», le preguntaron al pianista Thelonious Monk. Él respondió, sin drama apenas: «Todo, todo el tiempo». Bien por Thelonious.
*
Llevo un mes movidito con esto de acabar en urgencias los domingos. Bueno, en realidad, solo es la segunda vez, pero es agradable esto de venirse arriba y exagerar. El médico me ha preguntado lo mismo que a Thelonious y, para demostrarme que no estaba tan grave, me ha hecho una foto de mi paladar con el teléfono. Os digo una cosa: nadie es tan guapo como en su foto de facebook, eso es cierto, ni tan feo como en la del dni. Pero nunca nadie ha sido tan feo como una foto de paladar en contrapicado.
Yo creo que debería haberle respondido al médico con un solemne: «Todo, todo el tiempo». Me hubiera ahorrado la foto.
*
Isabel Coixet tiene un libro llamado ‘Alguien debería prohibir los domingos por tarde’. Ninguna objeción, solo que yo añadiría: incluso por la mañana.
*
De camino a casa he visto un graffiti que decía «deja de ser tú mismo». La verdad: después de que nos hayan repetido tantas veces esto de «sé tú mismo», es un consuelo.

Buenas noches tengáis, no seáis vosotros mismos y, sobre todo, que no os hagan una foto del paladar. Y menos en domingo.

#domingo #barcelona #theloniousmonk #music #jazz #piano #urgencias #isabelcoixet #literatura #ifyouleave #paladar #instagramstories
Ver en Instagram

Uno de mis episodios favoritos de Fleabag es el último de la primera temporada.
A Fleabag, para mí la mejor protagonista de todas las series, le sale todo-todo-todo mal, algo así como en aquel libro que se hizo tan famoso, el de la ley de Murphy. Lo que courre es que en el caso de Fleabag, el «todo mal» se aplica a cosas más importantes que aquella ley de la tostada que siempre cae por el lado de la mantequilla. Y lo peor es que en todo este cúmulo de despropósitos y tragedia, Fleabag ha tenido, en algunas ocasiones, algo que ver.
El lema del episodio, de la serie incluso, es «people make mistakes». Y Fleabag, en lo que es una broma –algo tonta, si queréis, pero a mí me hace gracia– dice que todos nos equivocamos y que justamente por eso, al final de esos lápices con los que aprendemos a escribir, no hay un adorno ni un muñeco, ni un capuchón. En la punta del lápiz hay una goma de borrar.
*
Hay algunas máximas muy de autoayuda que me estoy aplicando bastante a mí misma últimamente. En las clases de yoga, por ejemplo, con las posturas invertidas. Llevo un año practicando y, el otro día, por primera vez, me caí. Fue entonces, después de caerme, cuando pude por fin levantarme sobre la cabeza y estirar las piernas hacia arriba. La moraleja es, como decía, muy de autoayuda, pero fue cuando me caí y vi que el parqué era duro pero no un drama, cuando pude levantarme.
*
Fleabag me gusta porque es una auténtica kamikaze. Y porque, para no caerse, ella salta directamente, sin red, allá donde esté. Eso también se llama miedo. Decidir estrellarse o no querer estrellarse. Como si eso, en última instancia, pudiera ser una decisión nuestra.
#fleabag #seriesamazonprime #mistakes #errores #yoga #invertidas #ifyouleave #barcelona #literatura #leydemurphy
Ver en Instagram

Estábamos en el bar de los neones rojos y él contaba una historia: «Tenía una novia con la que me fue muy mal. Terrible. Lo dejamos,y luego tuve otra novia con la que estaba mucho mejor. También lo dejamos. Entonces me quise dar una oportunidad con la que me había ido tan mal». Un amigo suyo lo resumió mucho mejor: «o sea que es como si vas conduciendo por una carretera de montaña en un día como hoy, de perros, coges una curva muy cerrada, y por poco se te van las ruedas y tienes un accidente. Es como si, una vez que ya estuvieras a salvo, tranquilo, decidieras que hay volver atrás, a la curva, para ver qué pasa, ¿no?». Silencio.
*
El bar de los neones rojos se llama Pokhara y pasé muchas tardes aquí. Cuando escuché la letra de Héroes del silencio: «nos hicimos la promesa de los lagos de Pokhara», me dije que un día iría a ver esos lagos. Y el año pasado, en Nepal, el reflejo de los lagos me devolvió el de los neones rojos del bar de esta ciudad en la que, según recuerdo, nunca dejó de llover.
Un bar que contiene la promesa de unos lagos, los lagos que contienen el recuerdo de una ciudad. Una matriuska rusa, eso es la realidad.
*
Escuché a una ancianita ayer en el autobús. Le decía a su interlocutor, un señor aún mayor que ella, que iba a votar al partido de Nunca máis. Imagino que se refería a Más país, pero no me digáis que el equívoco no es una buena metáfora para estos tiempos extraños.
*
Consejo de domingo de votaciones: es recomendable no tentar a la suerte. La curva cerrada resbaladiza siempre será curva cerrada resbaladiza.
Ver en Instagram

Recuerdo una entrevista que le hicieron a Marianne Faithfull muchos años atrás. La leí cuando yo ni siquiera sabía quién era ella. Su nombre me sonaba vagamente, pero lo ubicaba en una generación distinta a la mía, como a Raffaella Carrà, Dalida o incluso a Janis Joplin. Fue entonces, leyendo la entrevista, cuando me enteré de que además de cantante y actriz, había sido también novia de Mick Jagger. La entrevista me gustó. Soy incapaz de recordar en qué periódico la leí, pero el personaje de Faithfull me cautivó. Me gustó esa manera suya de mirar al pasado y recorrer esos caminos ya transitados con la mirada cansada pero ligera de la madurez.
En un momento determinado, el periodista le preguntaba si aún creía en el amor. Para ser más exactos, quería saber si había cambiado mucho su visión del amor al llegar a su edad. Al principio, Faithful le respondía que eso era privado y que no venía al caso pero después matizaba su respuesta y afirmaba que sí, que claro que todavía creía en él.
Pero decía, y esto es lo que recuerdo de aquella entrevista, lo que me acompaña después de tantos años, que creía en un amor que ya no estaba escrito en letras mayúsculas, gigantes, relucientes, iluminadas por neones fosforescentes. Ella creía en un amor escrito con la A en mayúscula y el resto en minúscula.
Un amor sin más pretensiones que las de ser eso mismo, amor, sin mayúsculas, sin necesidad de las estridencias de los focos.

Pensaba que eso es el tiempo, la madurez, quedarse con lo esencial, olvidarse de los neones.

#mariannefaithfull #amor #neones #entrevistas #literatura #ifyouleave #mickjagger #musica
Ver en Instagram

“No quiero ser la mejor. Es un lugar en el que te quedas sola y yo no me quiero quedar sola”, lo decía Hebe Uhart.
*
El otro día fui a un bautizo y a mucha gente con la que hablé le parecía que las cosas me iban francamente bien. Yo sonreí y no negué nada. Incluso dije: «la verdad es que sí, es muy sacrificado todo y blablabla». Luego, ya en casa, llegué y me puse a ver una serie ñoña y cené un boniato riéndome para mis adentros. Ay, el botón del play, ese automático que nos sale. Cómo nos gusta jugar a que la vida real puede ser Instagram. Luego, la vida, al menos la mía, se parece mucho más a llegar tarde a casa, poner un frankfurt en la sartén y calentarme un boniato en el micro.
*
‘Sesión continua’ es una película de Garci pero también una metáfora maravillosa para explicar esto que es la vida. Caes de repente en una sala a oscuras y se está proyectando una película a la que llegas tarde. Imposible pedir unas instrucciones o un quién es quién. Te vas adaptando a la oscuridad y con los años terminas entendiendo el argumento del que formas parte. Luego, claro, llega el momento de abandonar la sala.
*
Contaba Sally Rooney que es mucho más fácil escribir sobre la obsesión y el deseo que sobre un matrimonio feliz. Dice haberse quedado atascada escribiendo sobre relaciones que no progresan adecuadamente, que dirían los boletines de notas del colegio. Estoy de acuerdo con ella. Luego, en la vida real, yo me quedo con la ternura, que dicen que es muda, y con la felicidad, que, como sabéis siempre escribe en blanco y por eso es tan escurridiza.
*
Últimamente no paro de conocer a mujeres maravillosas. Es real y es una suerte. Me decía una de ellas el otro día que estaba en barbecho. Yo le conté esto de mi afición al play en las fiestas multitudinarias, y a los boniatos en la intimidad. Y brindamos. Terminamos, inexplicablemente, en un fotomatón con cortinilla de terciopelo roja. Cómo me gusta todo lo que no es digital, pensé, cómo me gusta ese momento en que estás esperando que salgan las fotografías y vas viendo cómo se imprimen las imágenes sobre el papel de revelar. No me digáis que no es un poco como lo de la sesión continua, no la de Garci sino la de la vida.
Ver en Instagram

En 2005, hace ni más ni menos que catorce años, vine a este país por primera vez. Sierra Leona. Venía a ayudar, o eso es lo que iba contando a los que me preguntaban. Uno tiene un relato y se debe a él.
*

Por otro lado, viniendo, en el avión, leí un ensayo sobre la ballena de 52 hercios, también apodada como la ballena solitaria. Se trata de un espécimen único de ballena que canta a una inusual frecuencia –de 52 Hz–, que es mucho mayor a la de otras especies de ballenas. De manera que es una ballena a la que las otras ballenas no llegan a escuchar. Se la apoda, por cierto, la ballena más solitaria del mundo. Lo cuenta Leslie Jamison en uno de los ensayos de ‘Make it scream, make it burn’. Muchas personas se ven reflejadas en este cetáceo, lo han convertido en una metáfora del aislamiento, de la nostalgia. Asumen que está sola, incluso triste –suponiendo, claro, que las ballenas puedan estarlo– que lo pasa mal, ahí, en el océano a la deriva de las mareas, las lunas.

Lo que realmente nos ocurre –a nosotros, no a la ballena– es que vivimos atrapados por nuestras propias metáforas, nuestros íntimos deseos de conectar.
*

Lo que ocurrió en Sierra Leona, cuando yo tenía veinte, es que venía a ayudar pero, a pesar de que estuve el verano trabajando en un colegio, incluso en un hospital, no ayudé absolutamente en nada. Asumí, como con nuestra ballena solitaria, que ellos eran los que necesitaban ayuda. En realidad, creo que los que la necesitábamos más éramos nosotros.
*

Lo he dicho ya: lo que nos ocurre es que vivimos atrapados por nuestras propias metáforas, nuestros íntimos deseos de «conectar». De conectarnos con los otros, aunque sean ballenas a las que creemos perdidas en el océano. Así nos sentimos menos prescindibles, más importantes, menos solos.
#freetown #ballenas #lesliejamison #makeitscreammakeitburn #literatura #sierraleona #viajar #africa #whales #52hertzwhale #conectar #soledad
Ver en Instagram

Una vez, la única que cocinamos juntos, tratamos de hornear una tarta de zanahoria y, aunque pusimos todos los ingredientes y en el mismo orden que en el tutorial de youtube, la masa del pastel no subió y, a pesar de que sabía bien, fue su madre la que nos advirtió de que en ocasiones no bastaba con tener todos los ingredientes. Me pasó lo mismo ayer, frente a la nevera, tenía de todo y no sabía qué iba con qué. Muchas cosas juntas tampoco hacen una cena, me dije.

No sé si os ha pasado: estar en un país extranjero, ir a conectar un secador o cualquier otro electrodoméstico a la corriente y que el voltaje sea distinto. Siempre me hace reír el sonido del secador, a medio gas, como lanzando pequeños alaridos. O la plancha de pelo que no termina de arrancar. Ay, la intensidad. Es necesario dar con el voltaje adecuado para que no se nos aburra el secador.

Poco antes de que se muriera, le pregunté a mi abuelo qué era, para él, la felicidad. Me respondió que era no querer más de lo que tenías. En aquel momento, yo lo entendí como una resignación, ahora entiendo que tiene que ver con el voltaje, con saber hacerse una buena cena con lo que tienes en la nevera.

La foto es de una ventana interesante de Nueva York, la inquilina o el inquilino sabría aquello que decía John Waters: «Necesitamos hacer que los libros molen de nuevo. Si vas a casa de alguien y no tiene libros, no te lo folles». Mmm. Que no os engañen, antes de hacer cualquier cosa, hay que ver de qué libros se trata.

#johnwaters #libros #literatura #newyork #usa #viajar #felicidad #voltaje #sexo #ifyouleave #instagramstories
Ver en Instagram

Tienes razón, Lola, en esto de intentarte zafar. Ayer estuve observando durante todo el día como, cada vez que alguno de nosotros intentaba levantarte y ponerte las piernas verticales en el suelo, como diciéndote «hija, que ya va siendo hora de que andes» fruncías el ceño, levantabas las piernas como si el suelo ardiera y hacías pucheros. Creo que lo has pillado: sabes que cuando empiezas a andar ya no puedes volver atrás.¿Conoces la tecla «deshacer»? Pues la vida es al revés, y lo intuyes, por eso crees que mientras no levantes las piernas del suelo estás a salvo.
Ayer vi el primer episodio de la serie ‘Moderm love’, la adaptación de la columna del ‘New York Times’. Y voy a hacer un spoiler como una casa, así que quien quiera verlo puede dejar de leer aquí. Bueno, pues el capítulo cuenta la historia entre Maggie, una chica de unos treinta, y Guzmin, el portero del edificio donde vive.
Maggie quiere encontrar el amor, como todos. Y día tras día queda con distintos hombres a los que Guzmin, solo con verlos entrar, descarta: «No te llamará», «éste tiene serrín en la cabeza». Maggie ya teme el momento de traspasar el umbral de su portería a la espera del juicio inclemente de Guzmin.
Luego, Maggie se queda embarazada de uno de estos hombres que pasan, y es Guzmin el que le ayudará con la niña. Pero entonces, las cosas cambian y Maggie y la niña se marchan de la ciudad. Regresan cinco años más tarde y, en ese periodo, Maggie ha conocido a un hombre bueno. Esta vez, cuando pasa el umbral de la casa, Guzmin asiente. Maggie se extraña. ¿Ha sido tan fácil, ha necesitado simplemente 30 segundos para mirar al hombre y entender que éste sí?
Guzmin le responde: «Yo nunca miré a ninguno de esos hombres. Yo solo me fijaba en ti, en cómo te sentías tú con ellos». Ay.
Mira Lola, moraleja: el amor no siempre acaba en beso pero sí en mirada, preocupación, cuidado. En la vida, que te miren bien.
Y tú tranquila que yo ya me ocupo de que, por el momento, nadie se entere de que tú ya sabes andar, de que lo que no quieres es que nadie se entere.

Feliz primera vuelta a sol, Lola.

#modernlove #newyorktimes #amor #andar #calpedros #cumpleaños #serie #literatura #amazonprime
Ver en Instagram

Cosas que ocurren en una semana.

Se hablaba el otro día de autocrítica, esa virtud tan en desuso y ya en vías de extinción, a raíz del destacado de un periódico que decía: «un vecino de Dodro, a punto de morir tras morderle una víbora: “Foi fallo meu ir a pasear en chanclas”».
Ojalá más de nosotros viviéramos diciendo algo parecido. Yo, por ejemplo, cuando me corto, siempre digo que es culpa del cuchillo.

Perdí el collar, el collar con la piedra verde, y llevo dos días poniéndome la mano sobre la clavícula, como si fuera a encontrar el tacto frío del metal. Desaparecen los objetos y dejan un hueco, pero nosotros, torpes, a tientas, tardamos tiempo en acostumbrarnos a que nos faltan collares y otras tantas cosas que no lo son, pero es cierto que todo lo que se va ocupa un lugar.

En un bar, uno de nuestros favoritos, que está en aquella plaza cerca de Trafalgar, nos juntamos los tres. En la mesa de al lado, una pareja se daba el lote sin parar. Después, se fue la pareja y llegaron dos amigas que hablaban, creo de alguna relación o intento de relación. Escuché, entre los consejos, uno: «escógete a ti». Eso mismo.

El otro día un tipo que nos adelantó en coche empezó a hacernos gestos a través de la ventanilla de forma muy violenta. Creo que no habíamos hecho nada o, al menos, nada que mereciera esa agresividad. En un ataque de lucidez, le dije al copiloto: «él tiene el poder de gritarnos. Nosotros el de no mirarle». Y la foto. Bueno, qué os voy a contar de la foto. Ya lo he dicho: cosas que ocurren en una semana.

#parking #emergencia #salidadeemergencia #literatura #escribir #barcelona #bares #autocritica #ciudad
Ver en Instagram

Aquí unas reflexiones sobre el amor mientras termino de leer ‘Gente normal’, de Sally Rooney.

Está claro que, en la vida y en las relaciones, te pueden dejar. Que puedes dejar. En ningún caso es fácil, agradable o divertido. Unos dirán que es más fácil si te dejan a ti y otros que es más duro dar el primer paso.
Pero lo peor no es que te dejen, ni siquiera que dejes tú a alguien a quien quieres. Lo verdaderamente triste es no saber hacerlo, no saber dar con la manera de estar con la persona que quieres estar.
Sally Rooney cuenta una historia de dos personas que se quieren pero que no saben encontrarse. Pasa a veces. Deberíamos saber -o haber sabido- querer a esa persona. Y lo intentamos, de hecho, una y otra vez, pero ocurrió como en aquella canción de Nacho Vegas, Como los erizos, se llama.

Otras reflexiones que hago después de comer hoy con mi abuela.
“Laura, todo eso que dices son tonterías. Querer es poder.

Y unas últimas reflexiones que hago yo sin necesidad de leer a Sally Roney y haciendo oídos sordos a lo que dice mi encantadora abuela.
Cuando te dejan, cuando dejas, hay dolor, pero está también eso otro, la certeza de que no ha podido ser. Cuando no sabes hacerlo te queda la incertidumbre, el subjuntivo. Y qué precioso y peligroso es todo aquello que al final no pudimos tener.

#sallyrooney #gentenormal #normalpeople #amor #relaciones #ifyouleave #literatura #domingo #sunday #books #leer #nachovegas #comoloserizos
Ver en Instagram

No soy de lágrima fácil y mucho menos de llorar en público. Recuerdo, sin embargo, que unos años atrás, me fui a los Verdi a ver ‘Manchester by the sea’ y tuve que salirme a media película porque me ahogaba, literalmente, entre pañuelos, lágrimas y mocos. Logré terminar de ver esa película en la que siempre hace tanto frío y nadie logra encontrar las palabras para decir lo fácil, que es también lo que más cuesta –cosas como lo siento, te quiero, o no supe hacerlo mejor­–. Recuerdo especialmente esa escena en la que Michelle Williams y Casey Affleck se encuentran por la calle, él le dice: « I can’t beat it. I can’t beat it. I’m sorry. ». Ahí fue cuando me levanté de la butaca.
Nunca pensé que un día vendría hasta aquí, hasta Manchester by the sea, ni que me encontraría, en la única y preciosa librería de todo el pueblo, un libro que se llama ‘A history of the theories of rain’ porque incluso la lluvia tiene una historia y una teoría, aunque vivamos tan deprisa y tan de espaladas que solo creamos que existe aquello que vemos.
No soy demasiado fan de ese tipo de frases grandilocuentes del tipo «este libro/esta película me salvó la vida». Pero ‘Manchester by the sea’ me la salvó un poco. Por eso llegué aquí, en una especie de peregrinación, a este Manchester que parece una postal de un lugar detenido en el tiempo, y recordé a Casey y a Michelle, perdidos entre la nieve y los silencios y les di las gracias. Lo que ocurre con el arte es que es espejo, que es, a veces, la mecha que enciende el otro relato, el que escribimos dentro de cada uno de nosotros.

Ayer, de noche, regresando ya a casa en un avión que se pasó medio vuelo «atravesando un área de turbulencias», un azafato español, Antonio, que tenía un inglés la mar de divertido, dijo, por si alguien necesitaba ayuda: «Let us know if you need any hope». Sonreímos todos los de la fila de atrás. Más de uno hubiera querido levantar la mano: que la esperanza pase por aquí, 49L. Aquí la espero.

#machesterbythesea #manchester #usa #film #caseyaffleck #michellewilliams #love #amor #literatura #aviones #cine
Ver en Instagram

Tres cosas voy a decir.
Uno.
¿Qué sentido tiene agotarse en un gimnasio si con solo desabrochar un sujetador con las manos temblorosas se queman 67 calorías? Además, otro dato a tener en cuenta: con los orgasmos femeninos se queman 127 calorías si son reales, y 60 si son fingidos.

Dos.
En Penn Station. Viendo trenes, buscando la vía. Lo peligroso no es ver marchar trenes -todos lo hemos hecho en algún momento-. Lo peligroso, perverso casi, es quedarse en el andén por si de repente vuelven. Como si un río fuera a darse la vuelta, así, de repente. “Al otro lado de la vida, de donde no se vuelve”, que decía Alberto García Alix.

Tres.
El niño, que no aparece en la foto, perdía todo el rato y su padre se reía. “Estoy jugando mal a propósito, dejándote ganar”, ha dicho al final, ya medio lloroso. No me digáis que a veces no dan ganas de decirle eso mismo a la vida, al karma y a todos los demás: que no es más que una técnica para despistar.

Apunte al Uno: 60 calorías equivalen a 200gramos de brócoli o a una naranja mediana. No sé si lo de fingir sale a cuenta.

#domingo #newyork #literatura #sexo #orgasmos #fingir #calorias #albertogarciaalix #fotografia #amor #sunday #city #travelling #pennstation
Ver en Instagram

Fuimos de Reno al Lake Tahoe y, cuando llegué a aquel hotel destartalado frente al lago, abrí la maleta y me di cuenta de que me había dejado un plumón azul marino –que era importante– en el armario del hotel de Reno.
Recuerdo que le di vueltas a la posibilidad de dar marcha atrás. Pero si volvía se me hubiera hecho tarde y hubiera tenido que conducir de noche y no conocía la carretera.
Aunque, en realidad, podría haberlo hecho. Volver a por ella, a por la chaqueta –que era importante porque la chaqueta era lo que me quedaba– pero me vinieron a la cabeza tantas frases hechas, tantos eslóganes facilones que te advierten de que lo importante es avanzar siempre –move on, get over it–, que dicen en inglés, que al final me quedé en el lago y salí a comprarme otra chaqueta. Además, resultó ser mucho más bonita que aquella azul que procedía de otra época.
Ayer, entre risas, le contaba la anécdota a una mujer que me dijo: «Sabes que tendrías que haber vuelto a por la chaqueta, ¿no?». Se quedó en silencio, cambiamos de tema y la conversación se fue por otros derroteros y terminamos hablando de la última de Tarantino.

Tiempo atrás movilicé a un aeropuerto entero, el de Doha, para que encontraran una almohada de viaje negra que me había dejado en el control. Me mandé más de diez emails con un tipo que, aún lo recuerdo, se llamaba Joseph. Lo cierto es que nunca recuperé la almohada, pero lo intenté.

De vuelta a casa, dentro del vagón de metro, pensé en mi chaqueta extraviada. La mujer de ayer tenía razón: podría haber vuelto a Reno.
En realidad, siendo honestos, lo de que se hiciera tarde y oscuro era lo de menos. Supongo que uno no regresa a los lugares de donde viene porque ha escuchado alguna vez aquello de que no hay que volver atrás ni para coger impulso.
Quizás sea al revés y el impulso –lo del move on, get over it– solo puede llegar desde atrás.
#reno #laketahoe #viajar #tarantino #literatura #ifyouleave #moveon #instagramstories #pasado #whatif #hotel
Ver en Instagram