1. Decir, por ejemplo, en estas líneas que no son mías:
“una mujer
espera
a la orilla del río
para decir lo que no sabe”

2. (Y el río no la ve)

3. “Existe un muro. Y atrás del muro estrellas, ocultas atrás de las estrellas. O tal vez eran fuegos, altos ecos visuales en dirección a la ceniza. Quién sabe: la distancia encandila, como encandilan los himnos de Novalis. Todo ocurre a la vez, incluso el cielo, el bajísimo cielo en el que ardemos, con un pie en la eternidad y otro en el barro. El hecho es que hay un muro y estrellas reales detrás de las estrellas. ¿Qué más es el amor?

4. No sé por qué yo no conocía a una poeta llamada María Negroni, la autora de 1 y 3. Pero hoy, sus versos me han acompañado por esta ciudad polvorienta llena de carteles que no anuncian nada –porque están vacíos– y he llegado, perdiéndome, hasta el circo de Embaba, un lugar que pasó tiempos mejores. Ahí he conocido a un domador de leones y a un león. “No te acerques, que es peligroso y puede morder”, me ha dicho. Pero era tan precioso, el león. Y pensado, claro, en Negroni: porque ¿qué otra cosa puede ser el amor?

#nilo #nile #embaba #corniche #cairo #marianegroni #poesia #poema #rio #egipto #egypt #literatura
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Le he dicho que me costaba hacer fotos a la gente porque era tímida. He rectificado.
–Bueno, tímida no sé. Pero cuando preguntas si les importa que les hagas una foto y te dicen que no…
–Ah, bueno, entonces tú no eres tímida. Tú lo que tienes es miedo al rechazo –el chico se ha empezado a reír. He hecho lo mismo: en realidad, lo de la timidez es otro de mis cuentos chinos.

Cenábamos en un libanés, antes de ir a ver a Pedro Guerra. Me decía mi amiga que al final no le habían dado aquel proyecto.
–Me llamaron –me cuenta–. El chico me dijo amablemente que el proyecto no había salido. Yo le respondí que me daba mucha pena que no saliera adelante porque era un proyecto precioso. Al otro lado de la línea se hizo un silencio y el chico rectificó, “no, me refiero a que hemos contratado a otra chica”.
Mi amiga y yo nos atragantamos con el humus, con el baba ganoush. “O sea, el proyecto sí que ha salido, ¿sabes? ¡A la que no le ha salido es a mí!”. Brindamos, antes de ir al concierto, por la de veces que nos dicen que no. Siendo freelance hay que brindar por eso muchas veces, ¿verdad?

Leí esta cita en un artículo de J. Rodríguez Marcos: “Los hombres que están siempre de vuelta de todas las cosas son los que no han ido nunca a ninguna parte”. Antonio Machado, ‘Juan de Mairena’. Sospecho que el día en que dejen de decirnos que no, significará que no estamos yendo ya a ninguna parte que valga la pena.

#cityofgarbage #cairo #elcairo #viajar #happinessproject #projecthappiness #rodriguezmarcos #literatura #pedroguerra #egipto #rechazo #no @_angela_palacios
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Ayer, una periodista me escribió para pedirme que, si podía y quería, le mandara unas líneas sobre un libro de amor tóxico que me hubiera impactado. Asimismo me pidió que le mandara otras líneas sobre un libro de amor que me hubiera impactado, pero que contara una historia constructiva.

Fácil, dije. La lista de los tóxicos era una broma (infinita): ‘Oscuridad total’, de Renata Adler, ‘Apropiación indebida’, de Lena Andersson. ‘Después del invierno’, Guadalupe Nettel (o aquel relato suyo tan increíble, ‘Hongos’). Un hombre enamorado, Karl Ove Knasugård. ‘La balada del café triste’, Carson McCullers. ‘Sobre la belleza’, Zadie Smith. El relato de ‘Cómo ser la otra mujer’, de Lorrie Moore. “¿Sólo uno tóxico?”, quise preguntarle.

Lo triste no es esto. Lo triste es que para la lista de las historias de amor constructivas acabé llamando a una amiga. “¿Cuál te suena que nos haya gustado y que no fuera para cortarse las venas?”, le pregunté.
Al final, fue ella la que tuvo a bien recordarme el maravilloso ‘Éramos unos niños’, de Patti Smith.

En fin.

Esta mañana he leído una cosa de Victor Parkas que me ha hecho sonreír. Tiene que ver con esa costumbre, tan arraigada en algunos, como es la de quedar con los Ex. Dice Parkas: “me pregunto por qué se empeña mi generación en mantener el contacto con noviazgos ya difuntos. ¿Es para sentir que el tiempo tirado a la basura junto al otro no ha sido completamente en balde? ¿Para demostrar que nos equivocamos, sí, pero que no nos equivocamos del todo? (…) Nuestros padres tuvieron affaires en hoteles y nosotros invitamos a cafés a gente con la que no follamos”. Creo que tengo una respuesta. A veces quedamos con los que ya no están, en primer lugar porque no están muertos (fingirlo no es más que no tener bien solucionadas las cosas) y, en segundo lugar, para recordar quiénes fuimos, que es parte, claro, de lo que somos ahora.

Cierro ya sin saber si hay que quedar con los ex. Pero cierro comprometiéndome con la causa de leer un poco menos de novelas de desgarradoras turbulencias amorosas. Voy a volver a leer a Patti Smith.
#valentines #amor #victorparkas #carsonmccullers #literatura #leer #zadiesmith #renataadler
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1. «¿Preferirías amar más y sufrir más o amar menos y sufrir menos? Creo que, en definitiva, esa es la única cuestión». Esto lo dice el protagonista de ‘La única historia’, la última novela de mi querido Julian Barnes.
2. Podré parlar d’això, un dia, en un poema? / ¿Podré hablar de esto, un día, en un poema?), decía Joan Margarit.
3. Julian Barnes y Joan Margarit mientras la noche caía a través de los cristales. Sobre la cama, las almohadas –siempre compro demasiados cojines, demasiadas almohadas- y yo.
4. Lo último que vi antes de dormirme fue el catálogo de Ikea. Alfombras de pelo corto, de yute. ¿Qué alfombra quieres, Laura? ¿Y la cómoda, no querrías cambiarla? El mundo de los objetos transmite esa especie de consuelo en los días raros. Comprar cosas es un asidero para la ansiedad, produce una esperanza absurda e irreal pero conozco perfectamente esa sensación: la de tener la necesidad de comprar algo.
5. ¿Preferirías amar más y sufrir más o amar menos y sufrir menos? Ninguno de los anuncios promocionales de San Valentín preguntaba eso.
6. “Díselo con una cena romántica”. “Mucho love”. “¿Te gustaría disfrutar de una sesión de Spa para 2?”. “¿Recuerdas cómo os conocisteis?”
7. A ver, alma de cántaro, si no lo recuerdas, mal vamos.
8. Lo último que vi antes de dormirme fue el catálogo de Ikea. Pensé en esta foto, en que mi idea de San Valentín y del amor es fundamentalmente esa, la de la amistad.

#julianbarnes #literatura #joanmargarit #poesia #amor #poema #launicahistoria #amistad #sanvalentin #amitie #ikea #consumismo @anagramaeditor
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Hay una anécdota preciosa que María Sánchez trae a colación en su libro ‘Tierra de mujeres’. Cuenta que, cuando la madre de la escritora Terry Tempest Williams se estaba muriendo, le dijo a su hija que le dejaba todos sus cuadernos con la condición de que los abriera cuando ella ya no estuviera ahí.
¿Qué cuadernos?, imagino que se preguntaría Terry. ¿Había escrito su madre y ella no lo sabía? ¿Cómo podía haber ocurrido aquello?

Cuando su madre murió, Terry recibió las tres cajas de cuadernos y los abrió esperando, creo, la historia desconocida de esa madre que siempre había estado a su lado. Claro que la sorpresa llegó cuando abrió por fin los cuadernos y no había absolutamente nada escrito en ellos. Ni una mísera mancha de tinta.

Fue la ausencia lo que la llevó a escribir, a preguntarse por esa mujer que había tenido una vida antes de ser su madre.

Leí la anécdota de Tempest desde dentro de un taxi que me llevaba al hotel. Llovía y la ciudad se sacudía aún de los efectos de un ciclón que había entrado por el norte de la isla. El taxi estuvo largo rato sin moverse de esta esquina y me vino a la cabeza la película ‘Smoke’ y esa esquina de algún lugar de Brooklyn donde Harvey Keitel tiene un estanco. Todos los días a la misma hora saca su cámara de fotos, la coloca sobre un trípode, apunta a la esquina opuesta del cruce de calles y saca una fotografía. Cada día es distinta.

A veces parece que no ocurre nada y que las esquinas no son más que un cruce anodino de calles. Que los cuadernos vacíos están efectivamente vacíos y que la “falta de” no es más que ausencia.

Pero las historias, las buenas historias, surgen de ahí. De esquinas sin interés, de cuadernos llenos de ausencias. En realidad, las buenas historias están siempre a punto de escribirse.

#Antananarivo #madagascar #lluvia #mariasanchez #tierrademujeres #terrytempestwilliams #mujeres #esquinas #smoke #harveykeitel #literatura #escribir #ifyouleave
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Ayer, en la Avenida de los Baobabs, mientras un turista chino hacía volar un dron, mientras un hombre detenía su flamante coche nuevo en la entrada de la avenida, bajaba las ventanillas y el estribillo de des-pa-ci-to revolucionaba a los niños y a los no tan niños, mientras todo esto ocurría, y la gente cantaba, y todos mirábamos embobados a los baobabs -que nos miran a nosotros desde hace más de 600 años- un niño silencioso lanzaba piedras al pequeño estanque contiguo donde se reflejan los baobabs.
Hay que salir de la escena: lo más interesante ocurre siempre fuera de la carretera y más allá del zumbido de los drones. Lo más interesante ocurre cuando se da un paso atrás. Lo debe de saber este niño y lo sabía seguro F.S Fitzgerald cuando escribió aquello de que “solo el ojo experto del capitán se dio cuenta de que faltaba una estrella”.
#madagascar #alleedesbaobabs #literatura #felicidad #happiness #fscottfitzgerald #novela #relato #baobabs #naturaleza #estrellas #despacito #dron
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Llevo días pensando insistentemente en una de las últimas escenas de ‘Boyhood’. En ella, Patricia Arquette se derrumba en la cocina después de la graduación de su hijo Mason. Ya está, sus hijos se van de casa, ya ha hecho todo lo que tenía que hacer. Y ahora qué, “¿esto es todo?, ¿lo próximo que me queda es la organización de mi funeral?”. Y entonces, llorando, dice esa frase, la frase: “Creí que habría algo más”. Y no habla de un menú, sino de la vida.
Por alguna razón llevo días acordándome de ella, de esa Patricia que llora y de banda sonora, la que suena a menudo través de los auriculares –aunque luego diga que solo escucho a Sufjan Stevens–, C. Tangana y Rosalía: ‘Antes de morirme’.
Ayer me fui a pasear con Patricia y Tangana y llegué, por casualidad, a una de mis esquinas de la ciudad, la del búho. Lo han restaurado, dicen, pero por lo visto lo han hecho mal porque al recorrer el camino de vuelta, había oscurecido ya y volví a detenerme en la misma intersección: al pobre búho solo se le había encendido un ojo y ofrecía una imagen un tanto curiosa. Ahí, medio piripi, con los ojos entrecerrados. Pensé en mi abuelo que hubiera dicho, seguro, que “a este lo han dejado un poco pirata”.
Casi me atropellaron tratando de hacer una foto, de manera que me despedí del búho, de mi abuelo, enfilé Diagonal y –casualidad o bucle. Bucle, creo– sonó C. Tangana de nuevo, que antes de morirme quiero el cielo, decía y pensé que en esas estamos, queriendo el cielo y también el ciento por ciento. Y ocurre en las canciones de trap, en las esquinas custodiadas por búhos mientras Patricia llora eternamente preparándose para la última escena de su vida.
#patriciaarquette #boyhood #vida #literatura #barcelona #ctangana #rosalia #buho #hollywood #ifyouleave
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Leo a Fernando Savater cuando habla sobre la tristeza y me gusta. Me explico. No es que me guste que esté triste, sino que lo comparta y que sea una de esas únicas personas que habla del duelo de manera sostenida en el tiempo. “La tristeza es un poco como cuando estás muy resfriado y sigues teniendo ganas de comer, pero ya la comida no te sabe a nada. Esto es lo mismo. Sigues haciendo las cosas que hacías antes, pero ya no saben a lo que sabían”. He tardado mucho en terminar ‘The rules do not apply’, la de Ariel Levy. Al principio ella no me caía bien y al final he terminado creyendo que era yo la que escribía el libro, de manera que no sé qué pensar. Quizás es que yo tampoco me caigo demasiado bien.
El libro cuenta lo que cuentan las memoirs: la historia de cómo vamos a tientas hasta que un día parece que todo encaja, que todo está bien y, de repente, al día siguiente se va la luz y tenemos que adaptarnos de nuevo a la oscuridad. Solo que es más difícil hacerlo –volver a las sombras– después de haber estado años dejando la luz encendida sin temer la factura de la electricidad.
No sé si Ariel Levy y Fernando Savater se conocen, yo creo que no, y además no sé si se caerían bien. Pero ayer, cuando terminé esta memoir, y apagué la luz –yo sí temo a las facturas, Ariel- pensé en la de veces que dos escritores que no se han cruzado jamás escriben exactamente las mismas líneas. Será que todos vivimos con el resfriado a punto, con el miedo a que la luz se apague. Será que esa es la magia de esto, de escribir, leer, que conecta a un hombre que perdió a su mujer y a una mujer que perdió a su hijo y entonces, alguien, lejos del hombre y de la mujer, una lectora, apaga la luz de la mesita de noche. Y piensa que hace viento fuera y que mañana –hoy– tendrá que abrigarse.

#ariellevy #fernandosavater #sara #tristeza #londres #barcelona #therulesdonotapply #thanksgivinginmongolia #literatura #memoir
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Muchos asociamos la idea de felicidad a coger un avión. Subirte a un aparato enorme y desaparecer, como en un truco de magia, para despertarte en la otra parte del mundo.
Un amigo me contaba ayer que sus padres, ya mayores, tienen una idea muy distinta de felicidad. Le contaba su padre, convaleciente ahora de una larga operación, que una de las cosas que más felicidad le había procurado estos últimos años era fregar los platos. Mi amigo debió de fruncir el entrecejo, aunque un poco menos de lo que lo hice yo.
Fregar los platos.
Su padre insistió: “Saber que tu madre está descansando, que está tranquila viendo una serie en el salón mientras yo limpio toda la cocina”.
Ahí dejé de fruncir el entrecejo.
Lo que más le pesa de la lenta recuperación es justamente eso: que no tiene la fuerza para mantenerse mucho rato en pie y que, por tanto, aún no puede ayudar a su mujer para que descanse tranquila viendo la serie.
En fin.
Viendo el mapa del cielo, una diría que existen todo tipo de viajes: los hay en línea recta. Otros son más de zigzag. Algunos, incluso, se quedan a medio camino en alguna parada que no habían previsto. Pero existen grandes viajes, viajes que duran toda una vida, que se sostienen en ser el custodio de la felicidad del otro. No me digáis que eso no es ser sabio, pero verdaderamente sabio.
#felicidad #happiness #ifyouleave #viajar #aviones #barcelona #ciudad
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En ‘Especies de espacios’, George Perec trae a colación esta frase de Jonathan Swift: “Los elefantes generalmente se dibujan más pequeños que su tamaño natural, pero una pulga siempre es más grande”.
Lo mismo ocurre en la vida.
Podríamos decir, por ejemplo, que las pulgas son una representación de cómo percibimos lo malo y los elefantes, de cómo contabilizamos lo bueno.
Quizás, me digo, en estas eternas listas de propósitos que nos hacemos todos los meses de enero, podríamos apuntar que sería bueno aprender a ver las cosas como son, a su debido tamaño. Aprender a dibujar elefantes tan tan grandes que ni siquiera nos quepan en la pared.

#georgesperec #especiesdeespacios #jonathanswift #elefantes #pulgas #literatura #ifyouleave #barcelona
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En las películas americanas, él no está pasando por un buen momento y por eso se está portando como un imbécil (porque él es bueno). Pero claro, qué esperar de las películas americanas si, en ellas, las mujeres se dan largos baños de espuma y salen de la bañera sin pasarse ni siquiera un poquito de agua por el cuerpo enjabonado.
Pero sí, en las películas americanas, él no está pasando por un buen momento y por eso se está portando como un imbécil (porque él es bueno). En los autobuses de Barcelona, en el 25, el que va hasta el Guinardó, a casa de mi santa abuela, las cosas ocurren de manera distinta y tú, chica joven que vas delante de mí, con tu amiga, una peliroja imponente con las uñas llenas de brillantina, le dices que él lo está pasando mal y que por eso no te tomas tan a pecho cómo te hace sentir últimamente –que es mal. Que yo sé que es muy mal porque le lees los WhatsApps en voz alta a la peliroja imponente–. Dices que sabes que te quiere –utilizas incluso ese verbo, amar, que hay que reservar para las ocasiones especiales– aunque muchas veces no sepa demostrártelo.

En las películas americanas, él no está pasando por un buen momento y por eso se está portando como un imbécil (porque él es bueno). Pero, ¿te quiere? ¿Sí? ¿Lo sabes porque te envía mensajes lacrimógenos de WhatsApp? ¿Porque te dice que ya está listo para dejar a su novia?

No puedo decirte nada desde la fila de atrás, chica del 25. No puedo decirte que me escucho a mí hace años, o meses, o la semana pasada. Que me escucho a mí, y a todos nosotros, hombres, mujeres, todas esas veces que justificamos lo injustificable y empezamos a querernos un poco menos, muy poco, hasta que de repente ya no nos queremos nada.

Lo que ocurre en las películas americanas es que son películas, chica que vas delante de mí en este autobús de enero. La realidad está hecha de una materia preciosa y distinta que escapa a mensajes y TQM’s en la pantallita resplandeciente del móvil.
#barcelona #instagramstories #ifyouleave #amor #autobus #bus25 #ciudad #peliculas #hollywood #maltrato #tqm
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Los científicos cuentan que el cuerpo humano se reemplaza completamente a sí mismo cada diez años. Algunas partes del cuerpo se regeneran con mayor rapidez que otras. La piel, por ejemplo, al ser la capa protectora más externa del cuerpo, sufre un gran desgaste, por lo que se regenera cada dos a tres semanas.

Por otro lado, el cabello tiene una esperanza de vida de seis años en mujeres y de tres en los hombres. El hígado, al desintoxicar el cuerpo, debe regenerarse cada 150 a 500 días. Y el estómago y los intestinos se renuevan cada cinco días, mientras que el proceso de los huesos tarda 10 años.
De acuerdo con esta teoría, la chica de la foto no puede ser la misma –al menos hablando de tejidos celulares– que la que vivía cerca de este restaurante georgiano diez años atrás. Por aquellas, la chica no sabía muy bien por dónde caía Georgia –lejos, suponía– pero paseaba todos los fines de semana por Columbia Road y terminaba frente a este lugar pensando que un día viajaría hasta ahí, y luego se olvidaba de Georgia hasta el siguiente fin de semana.

La chica trabajaba en una agencia donde nunca lograba entender a su interlocutor cuando descolgaba el teléfono. Está segura de que en la agencia aún se ríen recordando el día en que anotó en la agenda que había llamado una tal Maria Viklina, una clienta rusa, esto segundo lo inventó sobre la marcha. Hubo risas, muchas risas porque en la agencia no había clientas rusas, simplemente había llamado Maria, “the cleaner”. Esto de la renovación celular es francamente un misterio. No somos los mismos, dicen, pero seguimos siendo exactamente los mismos. Con nuestras filias y nuestras fobias, nuestros miedos, por ejemplo, a coger el teléfono y a que llame una clienta rusa a la que no entendemos.

Londres también ha cambiado, pero en realidad sigue siendo la misma.
#london #londres #littlegeorgiacafe #past #pasado #ciudades #ifyouleave #instagramstories #renovacioncelular #literatura
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La anécdota es la siguiente. Antes de que Frank Capra fuera Frank Capra y dirigiera películas tan maravillosas como ‘Qué bello es vivir’, fue un hombre que empezó de cero haciendo malabarismos con esa página en blanco que es veces la propia vida, sin márgenes ni cuadrículas para que se sostengan las palabras que tímidamente vamos escribiendo en ella.
Un profesor de la universidad me contaba el otro día esta historia –no he sabido dar con ella en internet– sobre los inicios del director de cine.
Antes de que Capra fuera Capra iba muy justo de dinero. Tanto que un día se subió al autobús, pagó el billete y el conductor le devolvió 20 centavos y aquella suma irrisoria era todo lo que le quedaba.
Veinte centavos.
–¿Qué podía hacer con ellos? –dijo mi profesor-. ¿Qué te parece que podía hacer con ellos, tener miedo a perder lo único que le quedaba?
(Yo pensé: Pues no sé, Frank. Te los guardas para un café y un cruasán que nunca se sabe).
Pero los artistas son de otra pasta. Porque Capra cogió la moneda, la tiró al aire y dejó que cayera al suelo. Ahí se quedó.
Ahora sí, se dijo. Ahora sí puedo empezar.
Nos dan miedo las cosas vacías, el cero, los veinte centavos, el ‘ay, es que es lo único que me queda’. Pero la vida –y las piscinas– hay que llenarlas bien desde el principio y para ello primero tienen que vaciarse.
#piscinas #frankcapra #cine #piscinasvacías #cine #literatura #instagramstories #ifyouleave #quebelloesvivir
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El poema de Joan Margarit empezaba: “Habernos conocido/ un otoño en un tren que iba vacío”. No era otoño, era invierno –porque era ayer–, y el vagón de tren iba lleno de gente que regresaba. Iba sentada en sentido contrario a la marcha y, desde ahí, los veía a todos como si formaran un universo de gestos, risas, conversaciones y tecleo disimulado en el portátil. En la televisión colgada del techo se sucedían imágenes de una comedia que había visto en el cine.

Leía a trompicones y, entonces una amiga me contó que alguien bueno, alguien a quien conocíamos, se había marchado de manera inesperada.

Desde el atalaya de mi asiento en dirección contraria a la marcha, me quedé conmocionada. Como siempre ocurre, la vida seguía para los que estaban en el vagón de tren. El mismo tecleo, las mismas sonrisas. A través de mis auriculares sonó una cacnión que dice “tengo un plan, salir corriendo hasta que todo se arregle”. Y quise que las canciones fueran, por un momento, tan reales como los poemas. Que el tren volviera hacia atrás o que correr –aunque fuera por una vez, aunque fuera en la dirección equivocada- sirviera para escapar a los días raros.
Fuera, la luna se reflejaba en los cristales fríos de las ventanas del tren, de la vida, y volvía a mí un pensamiento trillado pero certero: sabemos que estamos aquí pero no sabemos hasta cuándo. Y son extraordinarios y maravillosos estos días que tenemos, así que hagamos algo bueno.

Volví a Margarit, “Los poemas, que son cartas anónimas/ escritas desde donde no imaginas/ a la misma muchacha que un otoño/ conocí en aquel tren que iba vacío”.
#poesia #joanmargarit #literatura #tren #barcelona #pamplona #invierno #adios #losdiasraros #leiva
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Enroscar el cable del teléfono mientras hablas con la abuela. Sentirte mayor al marcar en la ruedita los números que te dicta tu madre. Escuchar la voz querida, descifrarla a través de las interferencias, de la lejanía y de la lluvia.

Las cabinas.

Las cabinas telefónicas. Esos refugios, peceras acristaladas que servían para decir solamente “ya llego, que se me ha hecho tarde”. “De qué querías la tarta”, o eso otro, que “estoy aquí, fuera de tu casa, que no me he ido ni me iré”

Las llamadas.

Porque hay gente a la que solo llamábamos en santos, cumpleaños y fiestas de guardar. Gente a la que no llamamos y quisiéramos llamar –¿sigues ahí?–. Gente que no puede ponerse al aparato, que no quiere, que no sabe. Gente a la que no sabes colgar –cuelga tú–. Gente cuyo número aún recuerdas hoy, que ya no llamas, que ya nadie llama, que ya no os llamáis. Gente que no llama por el miedo de que sea otro quien atienda el teléfono. Gente que ya no puede llamar, porque está muerta, desaparecida o porque vive en una permanente ausencia de cobertura.

Antes, cuando teníamos teléfonos con cables que se enrollaban, siempre había cobertura.
¿Sigues ahí?

#telefono #barcelona #poesia #literatura #aeropuertos #cobertura #cabinastelefonicas
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Termino de leer a Deborah Levy en una cafetería de Teherán. Suena Daughter y Bon Iver, y podría pensar, si no fuera por el hijab, que estamos en casa. De las paredes del café cuelga esa foto tan conocida de Ruth Orkin, ‘American girl in Italy 1951’ y pienso que nunca una foto estuvo en un lugar tan acertado como en este.
En ‘The cost of living’ Deborah Levy escribe acerca de cómo volver a la superficie después de que se hunda una parte de tu vida. En uno de los pasajes, mi favorito, la propia Levy es testigo de cómo una chica joven le cuenta a un hombre mayor al que acaba de conocer, una historia que le ha ocurrido mientras buceaba. Él la corta diciéndole: “hablas mucho, ¿no crees?”. La chica se calla y la conversación sigue por otros derroteros. En realidad, lo que la chica deseaba contarle al hombre no es lo que le cuenta, ella espera que él sepa leerla, que sepa ir más allá. Sin embargo, no es el interlocutor correcto: no entiende la pregunta de la chica, el ruego tras el relato.
Si deseas un final feliz, depende de dónde termines la historia, contaba Orson Welles. También depende, y eso lo cuenta Deborah Levy, de a quien tengas la suerte de contarle tu historia: de si comprende las pausas, los interrogantss y sobre todo, los silencios necesarios para que se sostenga la historia.
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En Isfahán hay mezquitas de coloridos azulejos y callejuelas laberínticas que dan a patios o a bazares en los que venden alfombras y dulces tipicos de pistacho y almendra.
En Isfahán hay una plaza llamada Naqsh-e Jahan y los turistas nos hacemos fotos y las fotos dicen ‘mirad yo también he estado aquí’.
Pero en Isfahán existe, sobre todas las demás cosas, algo a lo que nadie presta atención, y esa cosa es un río sin agua. Un río seco cuyo suelo esta cubierto de grietas que de cerca parecen precipicios.
En google maps, el río Zayandeh tiene agua pero, de cerca, solo es un muestrario de aridez y del recuerdo de que un día, parejas y niños lo cruzaban sobre flamantes cisnes de plástico.
Hay ciudades, países, personas, piscinas, ríos, que lo tienen todo menos esa única cosa que les haría ser lo que desean ser.
#isfahan #iran #zayandeh #rio #mezquitas #naqshejahansquare #travel #viajar #piscinasvacias #siosepolbridge
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Oscurece pronto. Rápido. El día empieza a llenarse de luces suaves, tonalidades violáceas, y el sol, sin avisar, desaparece. Ocurre igual con los meses del año. Llega agosto y no has guardado aún las sandalias de verano pero diciembre está llamando a la puerta.
Mi padre contaba el otro dia que le había ocurrido igual con los años que habían transcurrido de los 40 a los 60. En un suspiro, dijo.

Otro año que termina y me asustan, no sé a vosotros, estos suspiros en los que se convierte el tiempo.

Me gusta esta foto de hoy porque resume para mí este 2018. Hay luz, mucha luz, pero también oscuridad. Hemos hecho varias fotos parecidas, pero la mayoría de ellas eran o muy claras o no se veía nada. Supongo que siempre nos pasa lo mismo, que andamos haciendo malabarismos con la luz. Demasiada nos ciega y demasiado poca también.
Por aquí, en Irán, no se celebra el año nuevo, al menos no mañana. Y no hay alcohol ni uvas. Pero quería aprovechar para desearos un 2019 lleno de luz y de esas sombras necesarias para que la luz se entienda. Brindaré por ello (con zumo de naranja).
Gracias por este 2018.
📷 @_angela_palacios
#kashan #iran #isfahan #año2018 #2019 #newyear #tiempo #luz #oscuridad
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Ayer, alrededor de las dos del mediodía, las calles de Barcelona estaban llenas de familias engalanadas que se dirigían a casa de esa otra familia, la que vemos menos quizás. Fui andando detrás de una de esas familias un buen rato. Él, cargado de paquetes, y con un niño de la mano, se quejaba amargamente de que estaba harto de las Navidades: “verás como tu tío se ponga como el año pasado”. Silencio. “Este año no me pienso callar”. Ella terció: “Estás insoportable” y la conversación fue subiendo de tono mientras yo, a lo Sophie Calle los seguía hasta que nos detuvimos en un semáforo y ellos, enzarzados ya en una auténtica discusión, se callaron de repente. Pasó un coche fúnebre y el mayor de los dos niños dijo: “Mira mamá, un coche de muertos”. Se hizo un silencio extraño, la conversación se detuvo. Entendieron, como entendí yo, que no teníamos ningún derecho a quejarnos del tío o del cuñado.
Hoy he ido al gimnasio y, asombrada, me he dado cuenta de que habían sustituido la clase de cycling normal por una virtual. Un monigote llamado Aitor nos ha estado motivando en modo holograma. El monigote sudaba y todo. “Cada uno tiene que llevar el peso que pueda cargar, todos somos personas distintas”. Te das las vuelta y zas, acecha sigilosamente Mister Wonderful. Pero una cosa: lo mejor de hacer clase con un holograma es que es más fácil hacer trampas.
El otro día, en el río, a pesar del frío, unos chicos iban en piraguas. Estuve un buen rato observándolos: la última vez que me subí en una de ellas iba con una niña pequeña y tumbamos. Suerte que era verano y hacía calor. Y nos reíamos mientras tragábamos agua salada. Qué difícil el equilibrio. No solo en la piragua o en las canciones de Ivan Ferreiro. Pero qué maravilla cuando lo consigues.
#navidad #Navidades #rio #piragua #familia #suerte #literatura #ivanferreiro #equilibrio #gimnasio #deporte #barcelona
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Las luces navideñas están encendidas siempre en la estantería de los libros. Y no se me ocurre mejor lugar desde el que felicitaros las fiestas.
Me encanta esto que dice E.M Forster -que se acerca mucho a lo que podría decir yo-: “Me gusta la Navidad en conjunto… A su torpe manera, acerca la paz y la buena voluntad. Pero es más torpe cada año”.
Hay Navidades tristes y Navidades alegres, Navidades para recordar a los que se fueron y para brindar por los que están a punto de llegar (aunque lleguen tarde).
Pero sí: feliz Navidad, torpe, triste, alegre, bonita o no tanto. Y un abrazo fuerte desde el rincón de las luces y los libros.
#feliznavidad #navidad #fiestas #literatura #emforster #literatura #barcelona
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